miércoles, 20 de enero de 2010

Purgatorios


La noche puede ser muy ruda, pensaba la chica sentada en el piso de un patio.

La noche puede ser muy ruda, cuando el alma se te desborda del cuerpo.
Tendría que existir un purgatorio para almas de seres vivos. Un lugar donde dejarla por un rato, para curarla, para que descanse.
Bien cómodo, con grandes armarios donde se pueda colgar prolijamente y luego pasar a buscarla. Un lugar donde le hagan chapa y pintura y la devuelvan divina, luminosa y sin agujeros.
Un spa de almas. Qué buena idea.
Pero el pensamiento volvía, como un péndulo cada vez más filoso.

La noche puede ser muy ruda, cuando el alma se te desborda del cuerpo y no está él para contenerla y mimarla.
Porque hasta la estrella más luminosa puede ser de cotillón.
Porque vida hay una sola y a ella no le gusta el gris. Ni un poco le gusta.
Es un buen momento para subir el volumen de la música y bailar como poseída, piensa, para entrar en trance por un rato y comulgar con esa inmensidad sin fondo pero con barreras de contención.

La noche puede ser muy ruda, cuando el alma se te desborda del cuerpo y no está él para contenerla y mimarla. Cuando no está él para prometerte la vida eterna.