martes, 27 de octubre de 2009

Supervivencia


La saliva se acumula en los costados de la lengua serpenteante.


Se desliza hasta la punta de esa lengua desplegada y un hilo de baba



lento,

continuo,

vivo,

caliente,

nutritivo,

primigenio

cae hasta la boca que desde abajo espera



abierta,

desesperada,

incompleta,

sedienta,

excitada,

enamorada.



Sos como un pichón hambriento esperando su maNá.






jueves, 8 de octubre de 2009

Conductas


Uno, dos, tres, cuatro…
Cinco, seis, siete, ocho…
Me angustia mirar gotear una canilla.
Siento que se desperdicia vitalidad.

Uno, dos, tres, cuatro…
Cinco, seis, siete, ocho…
Un pié delante del otro.
Mantengo el ritmo al caminar.
Primero uno, después el otro.
Soy capaz de andar miles de vidas así.
Me concentro, no me caigo. Sigo la línea recta, me concentro, sí, me concentro y no me caigo, pero si no miro para delante…
Si sólo veo mis pies, no puedo seguirte y ya no sé para dónde estás yendo.
O tal vez me entretengo con mis pasos porque no quiero seguirte.
Te perdí.

Es eso, creo. Me aburrí de seguirte y me siento en cuclillas.
No, mejor como buda. Es más cómodo y de paso descanso las piernas.
Pero no me alcanza.
Estoy abatida.
Y me paro, me miro al espejo y me arreglo las plumas despeinadas.
Soy un pavo real con plumas de cotillón.
Eso pienso.
Eso creo.

Qué bueno que llegaste, que resistís mis embistes y mis embustes caprichosos, mis puñetazos infantiles, mis besos despiadados, mis manos huesudas, mis lengüetazos sinceros, mis mordidas desesperadas, mis besos encantados, mis gritos verdes y mis trampas más sutiles.
Necesitaba tu consuelo como una niña compungida.
Y hoy estoy tan cansada.

Llevame a la cama, dale.

Te prometo un mundo de mares y unicornios.
Y si no cumplo, ya sabés como corregirme.