lunes, 14 de septiembre de 2009

De amores y desolación



Y así, de golpe, con un chasquido de tus dedos, con una frase, con esa nimiedad, mi alma queda en stand by.


Mi corazón está en desuso.

Como una habitación llena de moho, como una casona vieja de techos altos, como una bicicleta en llanta, como una máquina de escribir oxidada.

Y así, cuando me enojo tanto, un huracán me lleva a cientos de kilómetros de vos, de mi misma y –maldita sea- no me reconozco.

Ni te quiero.


Y me hago ovillo sin punta.

Y me enredo.

Y mejor me voy a dormir.


Aunque deseo más que nunca, aunque no te lo digo, que mi pulsión más profunda es abrasarme en tu abrazo.




miércoles, 2 de septiembre de 2009

Ciertos besos


Muchas veces los besos suelen ser tomados a la ligera. Sin embargo, un beso bien dado puede llegar a ser el principio de una buena historia.
Eso fue lo que le pasó a Jimena.

Había conocido a Nicolás en una noche sin luna. Luego de una charla intrascendente y poco interesante, justo cuando la chica estaba por despedirlo sin pena ni gloria, el hombre la besó.

Fue un beso increíble. Digamos que a Jimena le sorprendió la manera en que Nicolás la miró profundamente a los ojos, la tomó de una mano, la pasó por detrás de su cintura, la atrajo hacia él... y la besó.

Al principio fue un beso lento, de labios secos y semicerrados. Luego, comenzó a crecer la intensidad, a medida que la boca se entreabría y esos tímidos labios se empezaban a mojar.

Una vez que la chica dejó de mostrar resistencia y se dejó llevar por sus sorpresivas ganas de seguir besando, el chico comenzó a hurgar en la boca de Jimena, buscando su lengua esquiva. Ella se dejó llevar, se acomodó mejor, tomó coraje y abrió la boca con ganas, devorándose a Nicolás que ya no necesitaba seguir insistiendo.
De a ratos dejaban de besarse, se miraban unos segundos, respiraban lento y profundo y volvían a encontrarse. Se mordisqueaban los labios, se lamían las comisuras…

Se gustaban, se degustaban, se sentían, se olfateaban, se probaban, se maridaban, se complementaban, se devoraban, se saciaban, se bebían. A veces, la chica lo tomaba del cuello, le levantaba la cabeza con ambos pulgares y pasaba su lengua por la garganta y por la pera de Nicolás, para clavarle apenas los dientes y luego seguir besándolo.

Y así, se comieron a besos un buen rato, cruzando fluidos, abriendo sus bocas y jugando con sus lenguas.
No… los besos no deben ser tomados a la ligera.

Creo firmemente que si un hombre no es generoso al besarme, tampoco sabrá hacerme el amor.

He dicho.