domingo, 31 de mayo de 2009

Yo te todo y todo y todo

Te amo

Te quiero

Te adoro

Te estimo

Te aprecio

Te tengo cariño (Ay!!!!)

Te respeto

Te tengo cierto afecto

Te detesto

...

...

Te extraño


¿Las expresiones de él sólo son el resultado de las emociones que ella refleja?

Creo que la detesta porque ella le acaba de decir que ya no lo quiere, que se aburrió de sus desplantes, de su indiferencia, de su falta de afecto... Que se va en busca de algo más interesante para hacer, que la dinamice de nuevo.
Porque ella perdió el eje, también.
Justo, él le estaba por plantear lo contrario. Pero no pudo. O no tuvo tiempo o algo así.
Le iba a decir que se corria un poco del centro y que iba a prestar más atención a lo que le pase a ella.

Y él, resentido, sólo tiende a defenderse.
Pero realmente cree que la detesta.
Ojo, no es chiste, pobre tipo.

¿Ustedes que opinan? ¿Ella le va a contestar?
¿Qué le contestará?
¿Acaso se le teme más a la soledad que a una compañía de rutina?

Extrañar no es querer. De eso estoy segura.
Muy.

viernes, 22 de mayo de 2009

Antivirus


Así como los virus informáticos se extienden por la Red, un día Sara se despertó y encontró a Roberto desayunando muy tranquilo en la cocina de su casa.
Primero pensó que estos virus que se instalaban sin permiso eran una gran molestia. Luego supuso y deseó que no fuera demasiado importante.
Cuando la mujer se lo comentó a Luis, su marido, él le dijo que eso le pasaba por ser crédula y abrir su corazón a cualquiera.
Claro, es sabido que los virus vienen adjuntos con los problemas del corazón.
Así, Roberto empezó a crecer. No sólo le robaba la comida de la heladera, sino que empezó a llevar y traer información importante. Como un troyano voraz, desparramaba datos entre los vecinos de la pareja y ahora todos sabían que Sara hacía años que no tenía un orgasmo y que Luis fantaseaba con la vecinita del octavo.
La situación los estaba superando, así que decidieron actualizar su antivirus. Claro que ya era tarde. Roberto estaba tan instalado que hasta se habían encariñado. Es más, ya estaban infectados con Roberto.
Los domingos a la tarde lavaba el auto con Luis y piropeaban a las mujeres desde el balcón y hasta ayudaba a Sara con los quehaceres domésticos.
Un día, Roberto se metió en la cama, allí, justo entre los dos, tomó el control remoto y comenzó a programar lo que la pareja miraría hasta que se queden dormidos.
A veces, Sara se aburría y se ponía a leer.
Pero todo se complicó cuando el virus se enamoró.
A propósito, Roberto ponía canales de películas clásicas que la mujer amaba y Luis detestaba. Así, se dormía, girando su cuerpote hacia la izquierda.
Entonces Roberto comenzaba a reírse con Sara y a practicar juegos de memoria y a nombrar a actores y directores y películas.
Terminaban suspirando y abrazados hasta que se dormían juntos.
Por la mañana, salían, iban de compras y Sara le cocinaba lo que al virus le gustaba comer. Se divertían en el almuerzo y en la cena compartían un vino.
Desesperado de amor y decidido a quedarse con el programa, Roberto difundió rumores muy crueles de Luis: todo el barrio se enteró que el hombre era indiferente con su mujer, que moría por las quinceañeras y que tenía un aliento horrible.
Así fue que el muchacho se fue de la casa en busca de tranquilidad y Sara quedó totalmente infectada de amor.

Tengan cuidados con esos virus en apariencia normales.
Si se despiertan una mañana y les cuesta reconocer a la persona que está desayunando en su cocina, busquen URGENTE un antídoto contra el desamor.


viernes, 15 de mayo de 2009

Vergüenza ajena.


La sensación de vergüenza ajena me molesta de sobremanera.
Me incomoda tanto, que me hace enojar.
Y de la vergüenza, paso al enojo sin medias tintas.
Menos mal que soy la típica persona a la que el enojo le dura una miseria de tiempo.
La vergüenza ajena no debe confundirse con la burla hacia el otro.
Con esto quiero decir que la persona que la provoca es conciente de sus actos. Por ejemplo, me puede causar gracia que alguien luego de haber almorzado me hable y ostente un pedazo de lechuga en el diente, o que otro tenga la bragueta abierta sin saberlo o una caída inesperada en la calle.
Esa gente es ajena a lo que le pasa. Es un accidente, no lo hicieron a propósito. Y de hecho, se avergüenzan al darse cuenta del papelón.
Yo hablo de esa gente inescrupulosa que es conciente de lo que están haciendo. Y sin embargo…
Paso a dar un ejemplo.
Ayer venía en el subte. Este invierno escurridizo, hizo que la gente se abrigue de golpe y algunas mujeres quisieran vestirse a la moda.
Yo estaba sentada y sube una muchacha petisa y regordeta, rubia de pelo lacio, hablando a los gritos por celular. Tenía puestas unas calzas que originalmente serían negras pero al estar tan estiradas, habían mutado hasta convertirse en una especie de medias de nylon negras medio transparentes, claro está.
Se podía identificar cada pocito, cada pliegue, cada detalle de esas piernas y esa cola. Además, esas calzas parecían que se habían instalado en un territorio sin fin, sin límites precisos, no sé si me explico.
Era un trasero muy grande para unas calzas tan pequeñas.
Botas negras de caña alta y una campera demasiado corta que dejaba ver lo que no tendría que mostraste para el bien público.
Y encima a los gritos.
Como sea. Lo que me molestó es que yo no podía dejar de mirar eso. Y me dio mucha vergüenza ajena el pensar que otras personas les iba a pasar algo parecido a mi.
Dejé de leer, no me podía concentrar en mi libro. Comencé a mirar la gente de mi alrededor y veo que había muchos mirando fijo semejante espectáculo.
En eso, un hombre sentado frente a mi me mira, levanta las cejas y contrae la boca en un gesto como diciendo: “Y bué”
¡Qué vergüenza!
Nena, querida, tapate. No nos obligues a mirar cosas que luego me hacen mal. ¿No ves que mi fuerza de voluntad es mínima?
Ahora me siento incómoda y avergonzada por tu culpa, nena.
Ya me enojé.

Por favor, si me van a decir que estoy chiflada, ahórrense la molestia.
Prefiero que me cuenten si alguna vez les pasó esto de sufrir la vergüenza ajena.


miércoles, 13 de mayo de 2009

Carta de AMOR


... Estoy cansado y te extraño.
Empiezan las mariposas en la boca del estómago.
Se acumulan en el pecho. Luego un movimiento de magma hasta la garganta.
Y empiezan a serpentear unos destellos por toda la piel hasta la punta de los dedos, hasta la planta de los pies, que erizan, hacen cosquillas.
Y todo mi cuerpo es ansia de ti.
Y todo mi ser te necesita, iridiscente, encendido.
En ese momento siento que me voy a salir del pecho, en un rayo de luz azul o violeta, a buscarte, supongo.
(…)
Tengo un enorme deseo de morirme en ti, de caer sobre tu pecho como un cisne herido, exánime, luego de saciar el ansia y cumplir la leyenda:
Darte el canto más hermoso que pudieras haber oído, llevarte a la vibración más tocante, más abrumadoramente hermosa que haya vivido tu cuerpo y toda vos. Y sentirte temblando de gozo, exudando todo, una leve humedad de rocío tibio, el estertor del amor, ya en el límite de la no-conciencia de mí, de la percepción absoluta de vos, de nosotros.
Que luego arrastres mi cuerpo por la ciudad y lo tires donde te plazca, para que lo pisen y lo escupan o lo ultrajen; lo corten, lo esparzan y hagan lo que quieras con él.
O que lo entierres en tu jardín y juegues y bailes sobre el césped, que yo seré, con tus perros y tus niños. Y arranques las flores que crezcan de mí para ponerlas en la habitación donde dormirás con tu amor, Amor.
Porque ya habré tenido bastante felicidad para esta vida, Amor.
Luego de brillar en tus profundidades, luego de cantar y caer sobre tu belleza, criatura amorosa.
(…)


viernes, 8 de mayo de 2009

Hola Pá


Hoy hace un año que falleció mi papá.
Los que siguen este blog hace algún tiempo, ya lo saben.
El año pasado no hice mención de lo que me pasaba, ni se su enfermedad, ni de nada porque así lo sentía.
Y este año, me sale contarlo. No para que me dejen comentarios diciendo “Lo lamento” (por favor, no se les ocurra, no quiero eso) sino porque necesito contarlo.
La relación con mi viejo fue muy traumática. Su personalidad de hombre rudo y criado a la antigua se chocó con el temperamento fuerte de una niña rebelde y bastante original y contestataria. Nunca supe mucho lo que yo quería, pero siempre tuve bien en claro lo que no.
Creo que coincidíamos en el resultado final, pero no en las formas.
Idas, venidas, peleas, gritos, discusiones eran moneda corriente en mi adolescencia.
Pero, a pesar de eso, nunca pude borrar de mi cabeza el recuerdo de una infancia muy feliz a su lado.
Alto, gigante, hermoso. De manos huesudas y piernas largas, dos características que heredé de él.
Jugábamos, nos reíamos y, realmente, yo lo amaba. Y era mi héroe.
Vikinga me decía mi viejo, ja. Siempre me decía que yo era una princesa vikinga.
Luego dejó de mimarme y de abrazarme y de reírse conmigo. Creo que nunca le gustó que yo creciera. Claro que nunca me lo dijo y después, se olvidó.

Como sea, no hace mucho, la vida me dio tiempo para amigarnos de nuevo. Para reencontrarnos y mirarnos y decirnos que nos queríamos.
Será por eso, no sé, que pude soportar su muerte más tranquila. Porque, además, es lo natural; los hijos deben trascender a sus padres y no al revés. No debe ser al revés. Eso es terrible.

Hoy, a pesar de la gran tristeza que me inunda y de las ganas profundas que tengo de uno de sus abrazos gigantes, estoy tranquila y en paz.
No suelo dar consejos, pero no es bueno dejar cuentas pendientes con los seres queridos.
Hablen, digan, expresen, cuenten. Después no hay tutía.

Y Ustedes, sí Ustedes, no miren para atrás… ¿Cómo vienen de sinceramiento?

martes, 5 de mayo de 2009

III

Hay días en que estoy tan aterrorizada de que todo siga igual, que hasta supera mi miedo a enfrentar cosas nuevas.

Allí es cuando tomo coraje y me animo a salir y me llevo el mundo por delante.

O eso creo.

O eso creen los que me conocen.

Aún no percibo quien tiene la razón.


Igualmente, una vez me dijeron que lo que importa es la actitud.

A mi, todavía me sigue importando mucho más la calidad que la cantidad y los gestos que las palabras.

Me importa muy poco lo que crean. Mi mundo es mágico y está lleno de unicornios y cielos perfectos y lunas llenas.

Y mares. Porque nunca van a faltar los mares en mi mundo.

¿Acaso podría existir un mundo perfecto sin unicornios y mares?


...
¿Vieron?