jueves, 31 de diciembre de 2009

Otra página que damos vuelta...



Mis queridos

¡Muy Feliz 2010 para todos!

Ojalá sea un muy buen año. Nos hace falta.
En lo personal, no me puedo quejar ni un poco de mi 2009.
Ya me habían anticipado que iba a estar bueno...
Espero que en este año redondito los melones terminen de acomodarse en mi carro.
Sean muy felices.
Tomen las cosas buenas y disfrútenlas, despedácenlas, devórenlas, imprégnense de esos bellos y pequeños momentos llenos de amor.
Y sean sinceros. La sinceridad con uno mismo es uno de los bienes más preciados y tengo la certeza que es el camino a la felicidad.

Muchas felicidades.
Salud para todos y brindo, porque me encanta brindar entre amigos.
Chin chin!

lunes, 28 de diciembre de 2009

Conclusiones efímeras


Odio el resto del asado al día siguiente.

La carne fría de heladera con sus venas y sus grasas blancas me revuelven el estómago y me recuerdan mi estado más primitivo.


- Ponele mayonesa.

- No, gracias. ¿Te preparo un sanguchito?




miércoles, 23 de diciembre de 2009

Felicidades!!!


Home sweet home, 22 hs, after dinner.

- Mamucha, tengo que decirte algo.
- Si mi amor, ¿qué pasa?
- Necesito hablar con Papá Noel porque hubo un cambio de planes.
- Ajá… ¿”necesitás”?
- Sí, necesito porque tengo que cambiar de regalo, así que llamalo o mandale un mail.

La madre, asombrada, llama al celular de su cuñado e improvisa una entrevista con Papá Noel.
La niña de tres años, feliz y emocionada, conversa con Santa unos minutos.
Luego, corta y estampándole un beso, le dice:
- Yastá. Gracias mami. Te quiero.

A pesar de todo, ella, la madre, sabe que acaba de recibir el mejor regalo del mundo.
¿Cuánta belleza e inocencia somos capaces de soportar sin que se nos estruje el cuore?



Felicidades para todos mis queridos visitantes.
Les deseo una noche plagada de sentimientos sencillos y poderosos.
De esos que nos hacen creer, profundamente, en la magia.
Vasos y besos para todos.



domingo, 20 de diciembre de 2009

Feliz Domingo


Cuando la princesa Aurora sale al bosque a pasear, los pájaros le trinan bellas canciones de amor.
Lo mismo le pasa a Blancanieves.

Hoy a la mañana, recién levantada y aún con la musculosa que uso para dormir, salí a colgar la ropa y un benteveo atrevido me gritó desde el árbol vecino:

- Bicho feo, bicho feo!!!!!!


Jaque mate a mi autoestima.


miércoles, 16 de diciembre de 2009

Nena, nene...




Cientos de fantasmas y sombras y demonios nos rodean alimentando la paranoia y el miedo.

Me miró, me tocó, me rozó, pensó, supuso, dijo, quiso decir.

No hizo nada.

Me recuerda, me olvidó.

Me quiere mucho, poquito, nada.

Me agotan las suposiciones. Vayamos a lo concreto que la sopa se enfría.


¿Y esto? Uy, una histérica.

Traeme el Off, que si me pica me hace roncha.




viernes, 11 de diciembre de 2009

Un año más...




Hoy “Instintos y pulsiones” cumple dos años.
Ya que estamos a fin de año, ya que es época de replanteos y cambios, voy a aprovechar para dar un golpe de timón.
Últimamente, me pasa que el tiempo se me cuela de las manos. Yo insisto en cerrar los dedos, apretarlos entre si, para que nada se filtre.
Pero no.
Eso, algunas llagas en el alma y otros cambios de estado, hicieron que mis deditos estén alejados del teclado y de las casas de los amigos bloggers.
Sea cual fuere la cuestión, me pasa que no tengo ganas de contar.
Pero estoy dispuesta a escuchar (cosa que no me sorprende; siempre fui una gran oyente).
Y me dije: Nena, tenés comentaristas geniales… ¿por qué no aprovecharlos para que aquí se produzca una gran bola de nieve llena de ideas disparatadas e innovadoras, sin censura, sin evaluación?
Pero mi cabeza no para de rodar, claro. Y a veces me sorprendo pensando en cosas muy locas, que nada tienen que ver con los textos que he sabido publicar.
Me gustaría que se olviden un poco del estilo que este blog planteó desde un principio.
Espero no defraudar, pero voy a publicar bobadas de importancia ínfima (aún más ínfimas que las ya publicadas): pensamientos, observaciones, cosas, nadas, uno que otro relato, novedades, noticias, vivencias mías y ajenas, etc.
La idea es que estas bolitas crezcan a partir de sus comentarios.
Gracias por acompañarme estos dos años. Pensar que hay ciertos amigos que están desde el primer día y otros fieles que jamás me abandonaron desde que descubrieron mi refugio y golpearon las palmas (porque acá no hay timbre de entrada)
Gracias por leerme, por comentar, por escribirme, por preguntarme, por interesarse, por pensar, por estar.
A todos, un beso largo o un abrazo apretadito.

Lau.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

La creación del hombre


Dos muchachas esperan que abran la cortina del local donde trabajan, mascando chicle con la cara asqueada y de nada que tienen las vacas cuando rumian.
Maldito trabajo.

Un hombre en la puerta de una remisería mira pasar a un perro al trote, feliz, moviendo la cola y piensa que el animal seguramente es más dichoso que él.
Malditas preocupaciones.

Una mujer gorda y lenta carga dos bolsas, una en cada mano, equilibrando un peso que apenas soporta sobre esas piernas dóricas.
Malditas úlceras.

En la puerta de un banco, se acumulan personas con rostros cansinos, arrugados, lacónicos, asqueados. Unos detrás de otros, contra la pared, esperan que sean las 10:00 para cobrar su jubilación o pagar impuestos.
Maldita vejez.

Un mendigo sucio y con los pantalones bajos pide limosna y camina errante. Algunas personas se detienen a mirarlo, espantadas, curiosas, pero sólo eso.
Maldita pobreza.

Liviana por dentro y por fuera, dice el cartel.
Lenguas ausentes, reza un graffiti.

Mientras los demonios hacen estragos en un alma herida, dos mariposas se posan en mi ventana, obscenamente impúdicas, se acoplan y empiezan a fornicar.
Sus colas están enfrentadas, como los dedos de Miguel Angel.
Apoyo mis codos en un mueble y la cara descansa entre mis manos.

Y yo me sigo sorprendiendo, cada segundo, todavía, con el esplendor de la vida.

martes, 27 de octubre de 2009

Supervivencia


La saliva se acumula en los costados de la lengua serpenteante.


Se desliza hasta la punta de esa lengua desplegada y un hilo de baba



lento,

continuo,

vivo,

caliente,

nutritivo,

primigenio

cae hasta la boca que desde abajo espera



abierta,

desesperada,

incompleta,

sedienta,

excitada,

enamorada.



Sos como un pichón hambriento esperando su maNá.






jueves, 8 de octubre de 2009

Conductas


Uno, dos, tres, cuatro…
Cinco, seis, siete, ocho…
Me angustia mirar gotear una canilla.
Siento que se desperdicia vitalidad.

Uno, dos, tres, cuatro…
Cinco, seis, siete, ocho…
Un pié delante del otro.
Mantengo el ritmo al caminar.
Primero uno, después el otro.
Soy capaz de andar miles de vidas así.
Me concentro, no me caigo. Sigo la línea recta, me concentro, sí, me concentro y no me caigo, pero si no miro para delante…
Si sólo veo mis pies, no puedo seguirte y ya no sé para dónde estás yendo.
O tal vez me entretengo con mis pasos porque no quiero seguirte.
Te perdí.

Es eso, creo. Me aburrí de seguirte y me siento en cuclillas.
No, mejor como buda. Es más cómodo y de paso descanso las piernas.
Pero no me alcanza.
Estoy abatida.
Y me paro, me miro al espejo y me arreglo las plumas despeinadas.
Soy un pavo real con plumas de cotillón.
Eso pienso.
Eso creo.

Qué bueno que llegaste, que resistís mis embistes y mis embustes caprichosos, mis puñetazos infantiles, mis besos despiadados, mis manos huesudas, mis lengüetazos sinceros, mis mordidas desesperadas, mis besos encantados, mis gritos verdes y mis trampas más sutiles.
Necesitaba tu consuelo como una niña compungida.
Y hoy estoy tan cansada.

Llevame a la cama, dale.

Te prometo un mundo de mares y unicornios.
Y si no cumplo, ya sabés como corregirme.

lunes, 14 de septiembre de 2009

De amores y desolación



Y así, de golpe, con un chasquido de tus dedos, con una frase, con esa nimiedad, mi alma queda en stand by.


Mi corazón está en desuso.

Como una habitación llena de moho, como una casona vieja de techos altos, como una bicicleta en llanta, como una máquina de escribir oxidada.

Y así, cuando me enojo tanto, un huracán me lleva a cientos de kilómetros de vos, de mi misma y –maldita sea- no me reconozco.

Ni te quiero.


Y me hago ovillo sin punta.

Y me enredo.

Y mejor me voy a dormir.


Aunque deseo más que nunca, aunque no te lo digo, que mi pulsión más profunda es abrasarme en tu abrazo.




miércoles, 2 de septiembre de 2009

Ciertos besos


Muchas veces los besos suelen ser tomados a la ligera. Sin embargo, un beso bien dado puede llegar a ser el principio de una buena historia.
Eso fue lo que le pasó a Jimena.

Había conocido a Nicolás en una noche sin luna. Luego de una charla intrascendente y poco interesante, justo cuando la chica estaba por despedirlo sin pena ni gloria, el hombre la besó.

Fue un beso increíble. Digamos que a Jimena le sorprendió la manera en que Nicolás la miró profundamente a los ojos, la tomó de una mano, la pasó por detrás de su cintura, la atrajo hacia él... y la besó.

Al principio fue un beso lento, de labios secos y semicerrados. Luego, comenzó a crecer la intensidad, a medida que la boca se entreabría y esos tímidos labios se empezaban a mojar.

Una vez que la chica dejó de mostrar resistencia y se dejó llevar por sus sorpresivas ganas de seguir besando, el chico comenzó a hurgar en la boca de Jimena, buscando su lengua esquiva. Ella se dejó llevar, se acomodó mejor, tomó coraje y abrió la boca con ganas, devorándose a Nicolás que ya no necesitaba seguir insistiendo.
De a ratos dejaban de besarse, se miraban unos segundos, respiraban lento y profundo y volvían a encontrarse. Se mordisqueaban los labios, se lamían las comisuras…

Se gustaban, se degustaban, se sentían, se olfateaban, se probaban, se maridaban, se complementaban, se devoraban, se saciaban, se bebían. A veces, la chica lo tomaba del cuello, le levantaba la cabeza con ambos pulgares y pasaba su lengua por la garganta y por la pera de Nicolás, para clavarle apenas los dientes y luego seguir besándolo.

Y así, se comieron a besos un buen rato, cruzando fluidos, abriendo sus bocas y jugando con sus lenguas.
No… los besos no deben ser tomados a la ligera.

Creo firmemente que si un hombre no es generoso al besarme, tampoco sabrá hacerme el amor.

He dicho.


viernes, 28 de agosto de 2009

X


Si tuviera que pintar mi grito, sería verde.


De un verde tan intenso y lacerante que no lo podrías oír en este cuarto,
en esta casa,
en esta ciudad.



Pero claro, como el verde no se oye
(¿acaso hay alguien que escuche en el vacío?)
y mi grito no se ve
(¿puede un ciego ver colores en la oscuridad?)
todo lo que acabo de escribir no tiene ni un poco de sentido.



domingo, 16 de agosto de 2009

Sincericidio

- Jugamos a contarnos un secreto? Yo te cuento uno y vos me contás otro.
- Ok.
- Mmmmm, duermo con las medias puestas porque no me gustan mis pies.
- En serio?
- Mhm. Bueno, ahora vos.
- Ok. Cada vez que veo un hombre que me atrae no puedo evitar estar con él. Nunca pude serte fiel. Es más fuerte que yo. Eso.
- No quiero jugar más con vos!!!
- Hombres! Quién los entiende?



Hay personas que piden sinceridad a rajatabla, que enarbolan la bandeja que dice "Me banco todo menos una mentira", pero que no sospechan ni un poco que no están preparadas para soportar la crudeza de una verdad.
He mantenido relaciones durante años basadas en verdades no dichas, con la total certeza de saber que si aclaraba los tantos todo se iba al diablo.
Y no hablo de relaciones de pareja. Hablo de interacciones con personas, indistintamente del sexo. Pueden ser familiares, amigos, compañeros, amantes o novios.
Mienten. Esos seres no quieren saber la verdad. Quieren escuchar sólo la suya. Y se aferran a lo que quieren creer.
Y yo no miento. Simplemente no aclaro.
Mi escepticismo me juega malas pasadas.

Pero estamos hablando de secretos.
Y he aquí uno mío: nunca le creo a los hombres. Me es físicamente imposible creer lo que me dicen. Me hablen de lo que me hablen, yo no les creo del todo. O no les creo nada. Y me gusta saber que me están mintiendo y mirarlos y escucharlos y pensar que no les creo ni un poco.
Aunque (reconozco) es agotador.
Tal vez haya llegado el momento de dejar este estado y dejarme.

Si se animan, les pido que me cuenten un secreto muy suyo. Uno oscuro, uno guardado, uno feliz, uno vergonzoso: ese que no quieren que nadie conozca pero se mueren por gritarlo a los cuatro vientos.
De hecho, no firmen. Les dejo la libertad de escribir bajo otros pseudónimos o anónimos.

No me agradezcan por ayudarlos con una liberación. Saben que estoy para servirlos.





martes, 11 de agosto de 2009

Perspectivas (Parte 3)

Norberto estaba sentado en la esquina de la habitación. Quieto, callado, fumando tranquilamente un cigarrillo negro.
Había disfrutado muchísimo al ver las maniobras de su empleado para convencer a Soledad de tener sexo delante de un extraño. Y lo excitaba de sobremanera ver a esa pendeja que se movía tan bien con la guita entre las tetas. Cómo lo calentaba ese bamboleo de ritmo cambiante. Pero no se iba a masturbar delante de su empleado. No, no, no. Debía demostrar hasta el último momento quién manejaba la situación.
Y qué linda piba… le recordaba tanto a Silvana en los años en que empezaron a jugar a ser novios en los pasillos de la facultad. Tanta energía, tanta pasión, tanta juventud. ¿En qué momento se convirtió en una mina aburrida? ¿Cuándo dejó de ser esa chiquita rebelde con ojos brillantes? ¿Cuándo se durmió dentro de ella esa mujer apasionada por las ideologías, esa leona incansable que se comía a sus rivales, esa joven que con un guiño podía derribar y poner de rodillas a la convicción más férrea…? Cuánto la había amado. Hubiera hecho cualquier cosa por ella, por su chica, por su amor. Y ahora…
“¿Tenía necesidad de encamarse con este pendejo, en mi propias narices?” Y la idea que lo golpeaba una y otra vez.

“Dale hermosa, sé buenita, movete como siempre y olvidate del viejo”, podía adivinar que le susurraba Diego al oído de su novia mientras la penetraba.

A Soledad la había visto por primera vez en el ascensor una tarde que ella fue a buscar a su chico a la oficina nueva. Subieron juntos en planta baja. El le clavó la miraba en la nuca y la recorrió hasta los talones. Qué hermosa. Y ella ni siquiera se había percatado de su presencia. Ni una mirada de reojo. Nada. Allí se dio cuenta que se estaba convirtiendo en un viejo para las jovencitas. “Qué triste”, pensó.
Luego, vió como se bajaba y se acercaba a la recepción, haciéndose anunciar. Una chica tan bella con ese pelele insignificante. Y sin embargo…
“Maldita Silvana. Puta. Sos una puta”.

“Dale bebé, movete así. Me encanta. Sos muy linda”, seguía arengando Diego.

No tuvo que sacar a relucir sus dotes de abogado calificado y elocuente cuando lo llamó a negociar. Fue más simple de lo que pensó. “Quiero ver cómo te cogés a tu novia y no me importa qué hagas para convencerla. En dos meses el nuevo puesto es tuyo. Y no se te ocurra volver a tocar a mi mujer”, resumiendo, fue lo que pasó en esa charla.

Qué linda que era Soledad. Y presumía de toda esa belleza delante de sus ojos que la comían despacio, como el día del ascensor. Tan decidida, tan simpática, tan extrovertida, tan joven.
Ya va a pergeñar qué hacer con ella. Pero eso será otro día. Hoy estaba muy excitado y cansado y asqueado y celoso y complacido y furioso y triunfante y patético.
“Ahora voy a casa y me masturbo tranquilo”, pensaba, mientras miraba a Diego subirse los pantalones.


sábado, 8 de agosto de 2009

Perspectivas (parte 2)

En el aviso pedían joven abogado con experiencia en derecho jurídico.
Diego cumplía con ambas características y en la entrevista le fue muy bien. De esta manera comenzó a trabajar en el bufete.
Luego de tres años estaba feliz, le pagaban bien, y no tenía demasiadas complicaciones. Su buen ojo para elegir los casos, su labia para las negociaciones, su atinado criterio y la simpatía que lo caracterizaba le sirvieron para afianzarse en su puesto y en la empresa. Se había comprado un auto nuevo y empezado a pagar un lindo y confortable departamento.

Hacía rato que venía mirando a la mujer del director. Era una cuarentona que aún conservaba la belleza de su juventud con ayuda de la mano de un buen cirujano y los nuevos aparatos que insisten en elevar el ego femenino, entre otras partes más visibles que también levantan.
Silvana solía colaborar en algunos casos. Monitoreaba a los abogados y vigilaba el negocio. Eso la ayudaba a salir de su rutina diaria y demasiado aburguesada para la joven contestataria que había sido alguna vez.
A él le gustaba estar en las reuniones con ella. Lo excitaba mirarle las bellas piernas y las tetas operadas que se asomaban orgullosas por el eterno escote. Y le encantaba escuchar su voz. Era una voz ronca y seductora, segura y experta. Sin titubeos. Una voz que sabía lo que quería. Y se imaginaba a Silvana en la cama, con él. Fantaseaba pensando que esa mujer le podría dar mucho más placer que su novia, hermosa, pero joven y bastante inexperta todavía.
Muchas veces, en la ducha, se masturbaba pensando en ella. En la mujer del jefe. Una mina veinte años mayor que él.
“Qué zarpado. Mejor me dejo de joder”, se decía. Pero no se dejaba.

Un día, Silvana pasó caminando por detrás de su escritorio. Él escuchó que los tacones detenían apenas la marcha y sintió el dedo de su jefa, punzante, cuando le recorrió la espalda de hombro a hombro. La uña contra la camisa planchada hizo un sonido rasposo y suave y su espalda se erizó, gélida.
Su instinto de abogado lo hizo levantarse y seguirla hasta la oficina.
- Sí Señora, ¿qué necesitaba?- preguntó.
Ella se acercó sonriendo. Puso su mano en la entrepierna de él y muy tranquila le dijo:
- Vení Diego. Tenemos que hablar.

Y así fue como se convirtió formalmente en el amante de la mujer de su jefe.

jueves, 6 de agosto de 2009

Perspectivas (parte 1)

Era un día especialmente pegajoso en Buenos Aires y el cabello suelto empezaba a molestarle.
Venía pensando que se había puesto una cartera clara que estaba demodé… “Tendría que haberme comprado la semana pasada en el shopping esa blanca de cuero, tan linda y grande como se usa ahora, de Prune. La semana que viene, por ahí…”.
Absorta en sus pensamientos, ni se dio cuenta que ya estaba en la puerta del edificio de Diego, su amigo/amante/compañero/pareja despareja de los últimos ¿seis meses?. Sí, algo así, más o menos.
Tocó timbre y él bajó a abrirle. Le había dicho que hoy le tenía que pedir un favor. Ella estaba ansiosa. “Si no te va me lo decís y listo”, le anticipó.
Le divertía pensar qué podía ser. Él estaba nervioso, pero divertido y charlatán como siempre. Se besaron un poco en el ascensor mientras ella, curiosa, le preguntaba qué quería esta vez.
Cuando llegaron al departamento, vió con sorpresa que había un tipo de unos 50 años sentado en la esquina de la habitación. Quieto, callado, fumando tranquilamente un cigarrillo negro.
- Estás loco Diego. Qué querés? Un trío no, y menos con este tipo.
- No, no… él sólo quiere mirar. No nos va a joder.
No sabe cuanto tiempo discutieron por lo bajo, pero cada vez ella ponía menos resistencia. Y la idea empezaba a seducirla. Mientras hablaba, él la tomaba de las manos y ella miraba de vez en cuando a ese hombre que fumaba tranquilo mirando el piso, como si ellos no existieran.
De pronto y como para terminar la discusión, Diego saca de su billetera tres billetes de 100 pesos. Los dobla en dos. Los vuelve a doblar. Los vuelve a doblar otra vez. La toma a ella de la mano, la trae suave hacía él y le dice al oído.
- Dale… no seas mala, si no te cuesta nada.
Y le engancha del corpiño negro, sobre el pecho, ese dinero que estaba tan planchado, tan nuevito, tan limpito...
Ella sintió una súbita excitación con ese gesto de él. Le dio una puntada en el estómago, mezcla de deseo y hastío. Nunca imaginó que algo así la podía erotizar tanto... ¿O era la idea de ser mirada por un extraño mientras tenía sexo con su pareja lo que la excitaba? Estaba demasiado confundida para llegar a una conclusión. Lo pensó unos instantes y así, siempre con los billetes entre las tetas, jugó a ser una puta.
- Esta cartera es preciosa. Cuero del mejor. Los turistas me la sacan de las manos. Cómo la vas a abonar??
- En efectivo- respondió ella, riéndose por lo bajo.

martes, 4 de agosto de 2009

Hasta en mis sueños

- Hola. Qué bien la pasamos anoche, eh.
- ¿Anoche?
- Sí, no te hagas la tonta.
- La ton...
- Bombón. Estuviste conmigo en mi sueño.
- La única verdad es la realidad, mamerto. Y en la realidad no estaría con vos ni loca.
- La realidad es sólo una versión con un poco más de consenso. Yo les creo a mis sueños. Pero bueno, no te entretengo más, nos vemos esta noche.
- ...
...
...
... (Tengo que dejar de verlo en los sueños)

viernes, 31 de julio de 2009




“Quiero hacerlo simplemente porque quiero”.
Amelia Earhart



La bailarina recostada se endereza y comienza a girar, eternamente serena, en el espejo de mi caja musical.
Me gusta forzar esa cuerda hasta el tope y luego tomarme un tiempo para abrir la cajita. Detenerme ante ella como si estuviera a punto de empezar una obra.
Me quedo en silencio, escuchando su música conocida y mirando a la bella danzar.


Quiero guardar tus besos como si fueran un tesoro.
Quiero tenerlos cerca mío para adornarme con ellos cuando no estés vos, mi fantasma, mi señor, mi ángel guardián.


jueves, 23 de julio de 2009

La rehén


La habitación era confortable.
Alfombras mullidas, paredes limpias, cortinas claras que anunciaban la luz del sol en la mañana.
Sin embargo, la jaula de vidrio era pequeña y transparente, con unos orificios que apenas dejaban pasar el aire necesario para mantenerla viva.
Sus muñecas estaban unidas por delante de su cuerpo, apretadas por una soga invisible, gruesa y fuerte.
Tenía un antifaz y una mordaza cruel que no la dejaba hablar.
La cabeza la podía mover para arriba y para abajo. También hacia los costados, por supuesto.
Los pies estaban libres, pero ya se habían agotado de caminar en círculos.
Cuando estaba muy cansada, se hacía un bollito y si uno la miraba detenidamente hasta se creería que estaba durmiendo.
Eso sí, no tenía ni frío, ni hambre, ni calor, ni sed.
Por eso seguía viva.


A la mañana, Aurora se despertaba, se duchaba y se arreglaba para ir a trabajar.
Como todos los días a la misma hora, tomaba el colectivo que la llevaba a su oficina.
Y siempre, absolutamente siempre, soñaba despierta pensando que tal vez, cuando volviese a la noche a su casa, encontraría una caja de vidrio vacía, una cerradura rota y una atadura invisible desparramada en la alfombra de su habitación.




jueves, 16 de julio de 2009

Mixturas


Tengo un compañero de trabajo que siempre se convierte, muy a su pesar, en el blanco de risas y cargadas.

Es un chico muy entretenido. Simpático, accesible, inteligente, inquisidor, tímido, honesto. Se me hizo amigo muy rápido y me gusta almorzar con él porque es sincero y me hace reír.

Es muy sensible, directo y no tiene novia. Eso me llama la atención porque no es feo ni tonto.

Mis otros compañeros, sin ausencia de malicia, opinan que aspira a tener novias demasiado lindas porque en realidad es gay. Pero claro, él aun no lo sabe.

Es sabido que todos nosotros tenemos una personalidad formada por una parte femenina y otra masculina. Esto, independientemente del sexo que nos atraiga.

Con parte femenina me refiero al lado sensible que todos tenemos y con masculina al costado recio y varonil.

En un test que hice alguna vez, salió que mi cerebro es 50% femenino y 50% masculino.

La verdad, era el resultado que esperaba.

La sensibilidad a flor de piel y la lágrima fácil no son características de mi personita y los pantalones me los tuve que poner (obligada o no) en varias oportunidades.

Además, tengo un gran sentido de la orientación, nunca me descontrolo ante las situaciones críticas, tengo un carácter muy fuerte y me cuesta muchísimo enamorarme.

Por otro lado, no soy muy adepta a las últimas tecnologías, tengo un sexto sentido muy desarrollado y soy muy perceptiva. Me encanta la moda y estar al tanto de las últimas tendencias y amo a los zapatos, las botas y las carteras de cuero.

Un amigo dijo que su parte femenina se evidenciaba con las películas románticas. Lloraba a moco tendido con films románticos que a mi no me arrancaban ni una lágrima.

Una vez, en charla de amigas, nos propusimos encontrar ese gen masculino que sobrevive (y gobierna) nuestras almas.

Decididamente, cuando me enojo, puteo como un troglodita. Hasta el carnicero más zarpado se pondría colorado con mis palabrotas.


Y ustedes… ¿se animan a encontrar ese gen contrario a su sexo que los define o que salta en los momentos más viscerales?

Vamos… sincérense con Wonder.



martes, 7 de julio de 2009

Invierno


"Breve licor con una gota de mi eterna sangre, para vos,

para que me lleves siempre por dentro.

Cálida, fría, quemante, amante".



Las bebidas blancas me gustan con hielo.
Con mucho y fresco hielo.
Claro que la urgencia no me dejó ir hasta la heladera.
Qué mejor que salir a cazar, pensé entre nebulosas.
Riéndote, me ofreciste tu campera gruesa de cuero y piel, pero me pareció más divertido salir semidesnuda, apenas cubierta con una manta gruesa y botas altas.
Tomé un vaso ancho y abrí el ventanal. El aire helado me pegó en la cara somnolienta y una felicidad fugaz me hizo sonreír y respirar profundo.
Salí a la nieve como un niño sale a jugar al parque.
Torpe, me arrodillé e intenté llenar el vaso de nieve fresca y blanca, pero los copos ya no eran tales, pues se habían convertido en hielo.
El golpe rompió el vaso que se astilló en mis manos y me lastimó.
La sangre comenzó a llenar las líneas de mis palmas para luego caer, tímida, en la nieve y teñirla lentamente de un rojo furioso.
Me quedé hipnotizada degustando ese momento, excitada por esa nieve roja y ese aire frío que condensaba el calor de mi espíritu.
Porque mi corazón galopaba agitado y se podía ver el vapor que emanaba mi cuerpo blanco.
Entonces con mi garra lastimada tomé toda la nieve que entraba en ella y corrí hasta donde estabas, sediento, esperando, y coloqué ese hielo en el vaso y lo llené de whisky y esperé tus besos reparadores que llegaron sin demora.
Supuse que te iba a gustar esa escena.
Supuse que te ibas a excitar como yo.
Supuse bien, ¿no?


viernes, 3 de julio de 2009

Re edición Versito (a pedido de Lau)


Encontrame en el tiempo.

Descubrime de a jirones

(pero explorame profundo).


Seducime y conquistame.

Sembrame que soy fértil.

Cultivame que soy promesa.

Explotame y sé egoísta.

Cosechame una vez más.


Porque hoy (solamente hoy), me dejo.



martes, 30 de junio de 2009

Instantáneas


La joven de jeans ajustados y zapatillas se acomodó el cabello antes de levantarse. Luego miró que todo estuviera dentro del bolso, se ajustó los auriculares a los oídos y se paró rauda. Se dirigió hacia la puerta del vagón y se quedó unos segundos esperando que el tren frene y se abran los accesos.

El señor de traje prolijo y sobretodo miraba hacia fuera. Parado muy erguido al lado de una de las puertas, tenía los brazos cruzados y un rictus indefinido, mezcla de resignación y asco. Llevaba el aún abundante cabello canoso hacia atrás, bien peinado. Unos delgados bigotes grises bordeaban su labio superior.

La joven se detuvo a unos veinte centímetros de él, brindándole todo su perfil de niña.

El hombre que le triplicaba la edad le clavó la mirada en el rostro y se quedó mirándola, escudriñándola como si fuera a devorarla.

Sus ojos se entrecerraron, apenas. Se podía adivinar la lascivia.

Asimismo, continuaba con el extraño rictus, pero su mirar había cambiado.

Ya no existía el desinterés, no.

Parecía que el tiempo estaba detenido.

Un pintor bien podría haber retratado la escena.

Más aún, un escultor hubiese tenido tiempo de moldearla con sus manos.

La muchacha seguía ajena al hombre, con la mirada clavada en la ventana y los auriculares en sus oídos.

Luego el tren se detuvo, se abrieron las puertas y el mundo comenzó a girar.

La chica de jeans ajustados se bajó y el hombre de traje prolijo la siguió con la mirada hasta que la perdió en las escaleras y el tren arrancó.


A pleno sol, un gato agazapado no podía controlar su mandíbula temblorosa mientras miraba un gorrión que jugaba con unas migas de pan en el andén del frente.



viernes, 26 de junio de 2009

Versito de los viernes (IX)


Tu poder resignificante es magnífico.
Sólo vos podías darle a un anillo un aspecto tan erótico.
Ahora te imagino besándolo y envolviéndolo con tu lengua sabia.
La misma lengua que hospedé.

Hoy no me sacia nada, no.
Sólo tu ancla imponente
.

domingo, 21 de junio de 2009

Ya no


Ya no será

ya no

no viviremos juntos

no criaré a tu hijo

no coseré tu ropa

no te tendré de noche

no te besaré al irme

nunca sabrás quién fui

por qué me amaron otros.

No llegaré a saber

por qué ni cómo nunca

ni si era de verdad

lo que dijiste que era

ni quién fuiste

ni qué fui para ti

ni cómo hubiera sido

vivir juntos

querernos

esperarnos

estar.

Yo no soy más que yo

para siempre y tú

ya

no serás para mí

más que tú.

Ya no estás

en un día futuro.

No sabré dónde vives

con quién

ni si te acuerdas.

No me abrazarás nunca

como esa noche

nunca.

No volveré a tocarte.

No te veré morir.



Idea Vilariño, 1958

(de "Poesía Completa", Ed. Cal y Canto, Uruguay)



viernes, 12 de junio de 2009

Otoño


Caminaba por la calle eligiendo las hojas más crujientes para pisar.
Prefería las amarillas medio amarronadas, enroscadas sobre ellas mismas. Como si supiera que esas iban a crujir más fuerte bajo mis zapatillas.
Claro que algunas me desilusionaban y la humedad que escondían las convertía en hojas silenciosas.
Supongo que creías que te estaba escuchando, porque no dejabas de hablar.
Lo hacías con ese tono tan odioso, medio de reto, medio de sermón.
Realmente, si tuviera que resumir en dos líneas lo que me dijiste no sabría hacerlo. Y eso que siempre fui buena resumiendo en el colegio.
El viento helado se ensañaba con mi cabello suelto y con las hojas caídas. Me despeinaba a mí. A ellas las amontonaba y las hacía bailar en las esquinas.
Hubiese preferido estar bailando en las esquinas, como esas hojas secas, antes que caminar automáticamente a tu lado.
Ya no te escucho. Pero a diferencia del estado anterior, tu voz comienza a molestarme. Casi de manera insoportable.
Necesito deshacerme de esa voz.
Veo un banco de plaza. Parece olvidado. O puesto de casualidad.
Pienso que el banco llegó allí por elección. Que decidió irse de donde estaba y se mudó de sitio. Me gusta pensar que el banco vino de lejos, que le costó tomar la decisión, pero que luego de varias luchas internas, eligió esa calle de Buenos Aires para vivir.
Si, se lo ve satisfecho, fuerte y seguro con su decisión.
Y tu voz… ¡Ay tu voz! Sigue sonando de fondo y no me deja escuchar las hojas que crujen bajo mis pies.
Decido separarme y dejarte ir con mi cáscara.
Allá va ella con vos. Qué linda pareja hacen. Hasta me animaría a decirte que ella sí te está escuchando.
Mientras, yo me siento en el banco amigable, en medio de la ciudad, en compañía del viento frío y las hojas que vinieron a bailar a mis pies.
Me anima respirar profundo en los días helados y que mis pulmones se llenen de ese aire.
Es lo más cercano a la pureza que puedo pretender un día como hoy.


domingo, 31 de mayo de 2009

Yo te todo y todo y todo

Te amo

Te quiero

Te adoro

Te estimo

Te aprecio

Te tengo cariño (Ay!!!!)

Te respeto

Te tengo cierto afecto

Te detesto

...

...

Te extraño


¿Las expresiones de él sólo son el resultado de las emociones que ella refleja?

Creo que la detesta porque ella le acaba de decir que ya no lo quiere, que se aburrió de sus desplantes, de su indiferencia, de su falta de afecto... Que se va en busca de algo más interesante para hacer, que la dinamice de nuevo.
Porque ella perdió el eje, también.
Justo, él le estaba por plantear lo contrario. Pero no pudo. O no tuvo tiempo o algo así.
Le iba a decir que se corria un poco del centro y que iba a prestar más atención a lo que le pase a ella.

Y él, resentido, sólo tiende a defenderse.
Pero realmente cree que la detesta.
Ojo, no es chiste, pobre tipo.

¿Ustedes que opinan? ¿Ella le va a contestar?
¿Qué le contestará?
¿Acaso se le teme más a la soledad que a una compañía de rutina?

Extrañar no es querer. De eso estoy segura.
Muy.

viernes, 22 de mayo de 2009

Antivirus


Así como los virus informáticos se extienden por la Red, un día Sara se despertó y encontró a Roberto desayunando muy tranquilo en la cocina de su casa.
Primero pensó que estos virus que se instalaban sin permiso eran una gran molestia. Luego supuso y deseó que no fuera demasiado importante.
Cuando la mujer se lo comentó a Luis, su marido, él le dijo que eso le pasaba por ser crédula y abrir su corazón a cualquiera.
Claro, es sabido que los virus vienen adjuntos con los problemas del corazón.
Así, Roberto empezó a crecer. No sólo le robaba la comida de la heladera, sino que empezó a llevar y traer información importante. Como un troyano voraz, desparramaba datos entre los vecinos de la pareja y ahora todos sabían que Sara hacía años que no tenía un orgasmo y que Luis fantaseaba con la vecinita del octavo.
La situación los estaba superando, así que decidieron actualizar su antivirus. Claro que ya era tarde. Roberto estaba tan instalado que hasta se habían encariñado. Es más, ya estaban infectados con Roberto.
Los domingos a la tarde lavaba el auto con Luis y piropeaban a las mujeres desde el balcón y hasta ayudaba a Sara con los quehaceres domésticos.
Un día, Roberto se metió en la cama, allí, justo entre los dos, tomó el control remoto y comenzó a programar lo que la pareja miraría hasta que se queden dormidos.
A veces, Sara se aburría y se ponía a leer.
Pero todo se complicó cuando el virus se enamoró.
A propósito, Roberto ponía canales de películas clásicas que la mujer amaba y Luis detestaba. Así, se dormía, girando su cuerpote hacia la izquierda.
Entonces Roberto comenzaba a reírse con Sara y a practicar juegos de memoria y a nombrar a actores y directores y películas.
Terminaban suspirando y abrazados hasta que se dormían juntos.
Por la mañana, salían, iban de compras y Sara le cocinaba lo que al virus le gustaba comer. Se divertían en el almuerzo y en la cena compartían un vino.
Desesperado de amor y decidido a quedarse con el programa, Roberto difundió rumores muy crueles de Luis: todo el barrio se enteró que el hombre era indiferente con su mujer, que moría por las quinceañeras y que tenía un aliento horrible.
Así fue que el muchacho se fue de la casa en busca de tranquilidad y Sara quedó totalmente infectada de amor.

Tengan cuidados con esos virus en apariencia normales.
Si se despiertan una mañana y les cuesta reconocer a la persona que está desayunando en su cocina, busquen URGENTE un antídoto contra el desamor.


viernes, 15 de mayo de 2009

Vergüenza ajena.


La sensación de vergüenza ajena me molesta de sobremanera.
Me incomoda tanto, que me hace enojar.
Y de la vergüenza, paso al enojo sin medias tintas.
Menos mal que soy la típica persona a la que el enojo le dura una miseria de tiempo.
La vergüenza ajena no debe confundirse con la burla hacia el otro.
Con esto quiero decir que la persona que la provoca es conciente de sus actos. Por ejemplo, me puede causar gracia que alguien luego de haber almorzado me hable y ostente un pedazo de lechuga en el diente, o que otro tenga la bragueta abierta sin saberlo o una caída inesperada en la calle.
Esa gente es ajena a lo que le pasa. Es un accidente, no lo hicieron a propósito. Y de hecho, se avergüenzan al darse cuenta del papelón.
Yo hablo de esa gente inescrupulosa que es conciente de lo que están haciendo. Y sin embargo…
Paso a dar un ejemplo.
Ayer venía en el subte. Este invierno escurridizo, hizo que la gente se abrigue de golpe y algunas mujeres quisieran vestirse a la moda.
Yo estaba sentada y sube una muchacha petisa y regordeta, rubia de pelo lacio, hablando a los gritos por celular. Tenía puestas unas calzas que originalmente serían negras pero al estar tan estiradas, habían mutado hasta convertirse en una especie de medias de nylon negras medio transparentes, claro está.
Se podía identificar cada pocito, cada pliegue, cada detalle de esas piernas y esa cola. Además, esas calzas parecían que se habían instalado en un territorio sin fin, sin límites precisos, no sé si me explico.
Era un trasero muy grande para unas calzas tan pequeñas.
Botas negras de caña alta y una campera demasiado corta que dejaba ver lo que no tendría que mostraste para el bien público.
Y encima a los gritos.
Como sea. Lo que me molestó es que yo no podía dejar de mirar eso. Y me dio mucha vergüenza ajena el pensar que otras personas les iba a pasar algo parecido a mi.
Dejé de leer, no me podía concentrar en mi libro. Comencé a mirar la gente de mi alrededor y veo que había muchos mirando fijo semejante espectáculo.
En eso, un hombre sentado frente a mi me mira, levanta las cejas y contrae la boca en un gesto como diciendo: “Y bué”
¡Qué vergüenza!
Nena, querida, tapate. No nos obligues a mirar cosas que luego me hacen mal. ¿No ves que mi fuerza de voluntad es mínima?
Ahora me siento incómoda y avergonzada por tu culpa, nena.
Ya me enojé.

Por favor, si me van a decir que estoy chiflada, ahórrense la molestia.
Prefiero que me cuenten si alguna vez les pasó esto de sufrir la vergüenza ajena.


miércoles, 13 de mayo de 2009

Carta de AMOR


... Estoy cansado y te extraño.
Empiezan las mariposas en la boca del estómago.
Se acumulan en el pecho. Luego un movimiento de magma hasta la garganta.
Y empiezan a serpentear unos destellos por toda la piel hasta la punta de los dedos, hasta la planta de los pies, que erizan, hacen cosquillas.
Y todo mi cuerpo es ansia de ti.
Y todo mi ser te necesita, iridiscente, encendido.
En ese momento siento que me voy a salir del pecho, en un rayo de luz azul o violeta, a buscarte, supongo.
(…)
Tengo un enorme deseo de morirme en ti, de caer sobre tu pecho como un cisne herido, exánime, luego de saciar el ansia y cumplir la leyenda:
Darte el canto más hermoso que pudieras haber oído, llevarte a la vibración más tocante, más abrumadoramente hermosa que haya vivido tu cuerpo y toda vos. Y sentirte temblando de gozo, exudando todo, una leve humedad de rocío tibio, el estertor del amor, ya en el límite de la no-conciencia de mí, de la percepción absoluta de vos, de nosotros.
Que luego arrastres mi cuerpo por la ciudad y lo tires donde te plazca, para que lo pisen y lo escupan o lo ultrajen; lo corten, lo esparzan y hagan lo que quieras con él.
O que lo entierres en tu jardín y juegues y bailes sobre el césped, que yo seré, con tus perros y tus niños. Y arranques las flores que crezcan de mí para ponerlas en la habitación donde dormirás con tu amor, Amor.
Porque ya habré tenido bastante felicidad para esta vida, Amor.
Luego de brillar en tus profundidades, luego de cantar y caer sobre tu belleza, criatura amorosa.
(…)


viernes, 8 de mayo de 2009

Hola Pá


Hoy hace un año que falleció mi papá.
Los que siguen este blog hace algún tiempo, ya lo saben.
El año pasado no hice mención de lo que me pasaba, ni se su enfermedad, ni de nada porque así lo sentía.
Y este año, me sale contarlo. No para que me dejen comentarios diciendo “Lo lamento” (por favor, no se les ocurra, no quiero eso) sino porque necesito contarlo.
La relación con mi viejo fue muy traumática. Su personalidad de hombre rudo y criado a la antigua se chocó con el temperamento fuerte de una niña rebelde y bastante original y contestataria. Nunca supe mucho lo que yo quería, pero siempre tuve bien en claro lo que no.
Creo que coincidíamos en el resultado final, pero no en las formas.
Idas, venidas, peleas, gritos, discusiones eran moneda corriente en mi adolescencia.
Pero, a pesar de eso, nunca pude borrar de mi cabeza el recuerdo de una infancia muy feliz a su lado.
Alto, gigante, hermoso. De manos huesudas y piernas largas, dos características que heredé de él.
Jugábamos, nos reíamos y, realmente, yo lo amaba. Y era mi héroe.
Vikinga me decía mi viejo, ja. Siempre me decía que yo era una princesa vikinga.
Luego dejó de mimarme y de abrazarme y de reírse conmigo. Creo que nunca le gustó que yo creciera. Claro que nunca me lo dijo y después, se olvidó.

Como sea, no hace mucho, la vida me dio tiempo para amigarnos de nuevo. Para reencontrarnos y mirarnos y decirnos que nos queríamos.
Será por eso, no sé, que pude soportar su muerte más tranquila. Porque, además, es lo natural; los hijos deben trascender a sus padres y no al revés. No debe ser al revés. Eso es terrible.

Hoy, a pesar de la gran tristeza que me inunda y de las ganas profundas que tengo de uno de sus abrazos gigantes, estoy tranquila y en paz.
No suelo dar consejos, pero no es bueno dejar cuentas pendientes con los seres queridos.
Hablen, digan, expresen, cuenten. Después no hay tutía.

Y Ustedes, sí Ustedes, no miren para atrás… ¿Cómo vienen de sinceramiento?

martes, 5 de mayo de 2009

III

Hay días en que estoy tan aterrorizada de que todo siga igual, que hasta supera mi miedo a enfrentar cosas nuevas.

Allí es cuando tomo coraje y me animo a salir y me llevo el mundo por delante.

O eso creo.

O eso creen los que me conocen.

Aún no percibo quien tiene la razón.


Igualmente, una vez me dijeron que lo que importa es la actitud.

A mi, todavía me sigue importando mucho más la calidad que la cantidad y los gestos que las palabras.

Me importa muy poco lo que crean. Mi mundo es mágico y está lleno de unicornios y cielos perfectos y lunas llenas.

Y mares. Porque nunca van a faltar los mares en mi mundo.

¿Acaso podría existir un mundo perfecto sin unicornios y mares?


...
¿Vieron?


miércoles, 29 de abril de 2009

Sanación


Un gato sucio, roto y descosido se acicala sin ganas.
Ni lengua rasposa para lavarse le había dejado la vida.
Una vez, alguna, creía recordar, fue un hermoso gato pardo de ancas musculosas y garras afiladas.
Sus ojos de tigre y su olfato sensible le proveían las presas más exquisitas.
Recuerda -y se le hace agua la boca- aquellas épocas de ratones grandes y torcazas gordas.
Ahora, se mira exhausto y piensa que es un gato viejo y destartalado, lamiéndose las heridas causadas en su última pelea por el amor de esa gata atorranta, la más linda del vecindario, aquella que ni siquiera lo quería, ni lo pretendía.
Y pensar que…
Baja la cabeza y sigue lavando su pelaje sucio y acartonado de mugre, saliva y sangre, mientras recuerda que la herida que más le preocupa es la del lomo, justo arriba del cuello, exactamente en el lugar donde su lengua no llega.
Se juró que mañana, luego de dormir un rato, encontraría a alguien que esté dispuesto a lamer sus heridas.
Y él se dejaría.

Ya lo había decidido.

Foto: Juan José Gutierrez

miércoles, 22 de abril de 2009

Apurados


Decididamente, las callejuelas del microcentro de Buenos Aires incitan a la incomunicación.
Son tan delgadas que sólo permiten dos hileras de personas. Unas que vienen y otras que van.
En las horas pico, es difícil pasar a quien camina lentamente, o está excedido en peso o cargado con bolsas y paquetes. En ese momento exacto es donde los saltarines salen a escena y, con bastante esmero y poca educación, sortean a los retrasados o bajan y suben el cordón de las veredas como equilibristas desaforados.
Si Ud. tuviera la loca idea de ir acompañado, la otra persona deberá colocarse detrás de uno, como en fila india.
Por favor, no insista en iniciar una conversación. Su compañero no lo escuchará por los bocinazos o por los martillazos de los arreglos esporádicos de calles y veredas y dejará una imagen muy graciosa en los transeúntes que pasen, al verlo cogotear cual gallina bataraza para intentar en vano escuchar lo que le están diciendo.
Si Ud, señora o señorita, hoy se puso sus bellos stilettos nuevos, deberá esmerarse para no pisar caquita de perro o no quedarse clavada hasta el tobillo en el barro de alguna vereda rota y a medio asfaltar.
A esta competencia por llegar a algún lado, hay que sumarle la gente que lleva los auriculares de sus mp3 (me incluyo) o está hablando por sus celulares muy animadamente y a los gritos.
Así caminamos como podemos, como si fuésemos vehículos a control remoto manejados por algún loco acelerado. Saltamos, esquivamos, corremos, trotamos, frenamos, todo con una sincronización pocas veces vista.

En este escenario donde todos los factores se alían y se conjugan para potenciar la incomunicación hasta su punto cúspide… decime, a ver, explicame, esmerate, concentrate… ¿Cómo voy a hacer para encontrarte?



Foto: Martín Gallego

jueves, 16 de abril de 2009

Fantasmas


Por culpa del sol que me daba en la cara, mis ojos maquillados se entrecerraban, espiando por obligación.
Hacía rato que no me detenía a escuchar los ruidos de la calle. Me gusta cuando el sopor de la siesta los hace alejar, como si fueran una ilusión sonora.

Ecos, ecos…

En ese momento siento que mi cuerpo se aleja, que se va por un rato.
Que vuela hasta allá, como un ave (¿Qué pájaro te gustaría que sea? Nunca me lo dijiste…) Y así, con alma de ave y cuerpo de hada me quedo cerca tuyo, cuidándote, lamiendo las heridas, en silencio.
Lo mejor y más disfrutable es que ni siquiera sospechás que estuve con vos.
Me levanto, agarro mis cosas y me voy.
Después vuelvo, ¿si?

jueves, 9 de abril de 2009

Costumbres aprehendidas


Siempre tuvo algo de geisha.
Desde muy niña, disfrutaba de las pequeñas ceremonias y del arte de homenajear.
En los detalles ponía voluntad y esmero, y se sentía feliz de ser una buena anfitriona.
Su padre le había enseñado varias cosas cuando tenía cinco años. Entre ellas, a jugar al Truco y a preparar “el aperitivo”.
Como la niña no sabía leer, el hombre le hizo en un papel dibujitos de las cartas y las ordenó por valor. Le explicó lo básico y le enseñó las señas y la importancia de hacerle creer al contrincante que uno está “cargado”. También le enseñó a mentir y a desarrollar la percepción (cualidades que la ayudarían mucho en futuras contiendas, aunque no sean de Truco).
Pero ese es otro cuento.
Para preparar el aperitivo, la niña disponía sobre la mesada los ingredientes y un pequeño medidor de líquido plateado. La “medida”, le decía ella.
Una vez que estaba todo listo, comenzaba la mezcla: una de Fernet, una de Gancia, un chorrito de soda (atención, no un chorro), el jugo de medio limón y cuatro cubitos de hielo. Se agitaba y ¡voilá!
La niña le llevaba la poción a su padre con mucho placer y orgullo, asentando las bases donde se desarrollarían sus dotes de anfitriona y su gusto por ciertos placeres gourmets.
Ya sé, muchos podrían argumentar que eso no es cosa de chicos, que los malos hábitos y la cercanía al alcohol no son buenos compañeros… ¡¡Pamplinas!!
Hace treinta años, ciertas costumbres no se tomaban tan dramáticamente como ahora y los psicopedagogos y educadores progres se dedicaban a hacer tareas más interesantes como, por ejemplo, estudiar otra cosa.
Como sea, la niña siguió trepando a los árboles y andando en bicicleta y tomando la leche mientras veía el único canal que pasaba por la tarde dos horas de dibujitos.

Qué sencilla e inocentemente salvaje era la vida, ¿verdad?