viernes, 28 de noviembre de 2008

El versito de los viernes V


No tendría nada de malo que nos queramos un poco.

Que nos animemos a unas sumas, me llevo dos te agrego cuatro,

Que nos miremos sin permisos,

Que perforemos el aura,

Que nos atragantemos de mimos,

Que nos desvistamos a tirones,

Que nos insultemos calientes

(nunca digas de esa lava no he de beber…)


Si te tuviera cerca te haría muchas cosas.


Insisto (y disculpá mi tozudez),

No tendría nada de malo que nos queramos un poco.


domingo, 23 de noviembre de 2008

Suposiciones


Casi la tomó por sorpresa.
Fue apenas un instante, pero suficiente como para percatarse de sus sentimientos.
Hacía rato que se conocían. Compañeros en el secundario, siguieron cruzándose por los pasillos de la facultad y luego se hicieron amigos.
Ella conocía a su familia, a sus hermanos, a todas las novias que tuvo, los gustos de helado que más le gustaban y su fanatismo por Huracán.
Sabía que si se rascaba el ojo era porque tenía sueño y que nunca iba a gritar aunque estuviera enojado, que le gustaban más los gatos que los perros, que odiaba afeitarse, que prefería el frío al calor, que moría por las milanesas caseras de su mamá, que cuando estaba feliz silbaba bajito, que amaba sus ratos de soledad y que manejaba rápido pero cuando iba con ella lo hacía más despacio.
Adivinaba si una película le iba a gustar, que las remeras azules le quedaban mejores que las verdes, que su bebida favorita era el vino tinto y que cuando una mujer le gustaba era seco y esquivo.
Conocía de memoria su música favorita, los remolinos que se le formaban en el cabello, su amor incondicional por esas zapatillas rojas destruidas, los hoyos que se delineaban en sus mejillas al reírse, el origen de cada cicatriz de su cuerpo, los libros que le iban a gustar.


Pero no sabía cómo besaba, ni cómo hacía el amor.

No conocía las palabras que le decía a una mujer en la cama, ni sus gustos y preferencias a la hora de los besos. No sabía si prefería un mordisco en la nuca o que le laman los lóbulos, ni si le gustaba que le chupen los dedos, uno por uno, hasta el fondo de la boca.

No… no sabía.

Por esa razón fue que se sorprendió mirándolo embobada mientras elegía ese libro en la librería.

Y no pudo sacarle la vista de encima, hipnotizada.


Y una puntada en el estómago le indicó que ya era hora de conocer como la tocarían esas manos grandes.


Y tuvo la certeza de que lo iba a amar.


miércoles, 19 de noviembre de 2008

El caracol


Últimamente, me sorprendo pensando en cosas realmente extrañas.

También me pasa que me maravillo con idioteces.

Es preocupante porque no llego a definir si tengo la cabeza quemada o estoy volviendo a ser la niña que se sorprendía por cualquier nimiedad.

Antes de ayer, estaba mirando un caracol que paseaba por el jardín.

Lentamente, iba dejando su hilo de baba mientras cargaba su pesada casita.


He aquí mi cuestionamiento: de pequeña me enseñaron que el caracol es uno de los pocos animales con casa propia a cuestas…


… hoy creo que es un homeless, vagabundeando de jardín en jardín con sus bártulos.


Pobre bicho.


lunes, 17 de noviembre de 2008

Absolutismos


- Nunca le creas a un hombre casado. Jamás.

Dicho esto, Andrea se acomodó mejor en la silla, como para darle más formalidad a las palabras que salían de su boca, vocablos que fluían como si fuesen parte del un tratado de física cuántica.

- ¿¿Por??

- Porque miente. Siempre, absoluta, indefectible e irremediablemente, miente. ¿Y sabés por qué? Porque te quiere coger. Y nada más. Sin compromiso. Toco y me voy. Te mete el verso que está en medio de una potencial separación, que su mujer lo tortura, que es una bruja maléfica, que es un corderito a punto de ser degollado, que se siente solo, indefenso y que el sexo lo practica en cuentagotas. Acordate Flor, un hombre casado no se va a enamorar de vos, aunque te diga lo contrario, nunca va a dejar a su mujer y a sus hijos por vos. Y cuando un sábado a la noche te sientas sola como un perro, él no va a estar para consolarte. Y ni siquiera lo vas a poder llamar para contarle lo mal que te sentís, porque él solo te atiende de lunes a viernes de 9 a 18. No seas boluda. Ni se te ocurra enamorarte, ¿entendiste? Ni-se-te-o-cu-rra.

- ¿Vos decís? ¿Todos mienten?

- Sí. Te lo aseguro.


A pesar de la exacerbada recomendación de su amiga, Flor se enamoró de Osvaldo.
No lo pudo evitar. Él era encantador, jovial, simpático y buen tipo.
Amó sus manos y sus dichos, su mirada y su sexo.
Amó sus mentiras y sus desplantes de la misma manera que amó sus besos y sus guiños.

De todos modos y a pesar de, Flor no puede evitar que esas lágrimas salen apenas ese vino que toma sola este sábado precioso de luna llena y feroz.


miércoles, 12 de noviembre de 2008

Extracto de "Encuentros"


“… Suele ser difícil, trabado y un poco complicado el primer encuentro. Claro, aún no se manejan tiempos, no se conocen olores, ni se decodifican miradas y gestos. Sólo existen los supuestos. Y la intuición.
A pesar de que se gustaban muchísimo (o justamente por eso), ellos estaban nerviosos.
Para descomprimir un poco, él tomó la iniciativa.
Luego de unos besos sabrosos, se sentó en el borde de la cama, la tomó de la mano y la atrajo hacia donde estaba.
Ella se quedó parada, inmóvil, esperándolo. Él estiró el brazo y deslizó su mano por debajo de la pollera. Con la palma abierta y segura, subió lentamente por la entrepierna hasta llegar al borde de la bombacha.
Con el dedo pulgar corrió la ropa interior y se excitó de sobremanera al darse cuenta que su chica estaba totalmente depilada.
Se abrió paso entre esos labios gratamente resbalosos
e hinchados y los recorrió en toda su extensión con su pulgar.
Una y otra vez. Lento y suave los recorrió.
Ella temblada de deseo nervioso, mojando cada vez más el dedo glorioso y bienvenido.
Y el corazón de él galopaba alocado.
Con ambas manos esta vez, le bajó la bombacha y la atrajo hacia su boca.
Ella sólo atinó a levantarse la pollera.
Ya estaba entregada…”


lunes, 10 de noviembre de 2008

Preámbulo del desamor


El desamor es un sentimiento extraño… es una mezcla de tristeza, incertidumbre, pesadumbre, frustración e indiferencia.

Ay la indiferencia!!!! Me duele en las entrañas tu violenta indiferencia.

Porque implica la nada misma. La invisibilidad.

Hola, soy invisible. Claro, no te diste cuenta porque ni siquiera sabías que estaba. Y claro, tampoco te diste cuenta que hace días que te espero, que te miro en silencio esperando un guiño o que finjo mi interés por tus cosas. Que quiero salvar con capa y espada lo nuestro, que no me resigno a perderlo, de la misma manera que no soporto cuando la última brasa de carbón deja de respirar. Y se apaga. Y ya no sirve porque las cenizas no las quiere nadie.

Porque la etapa final del desamor es cuando a uno mismo tampoco le interesa el desamor que provoca en el otro.

Lo mejor en esos casos es retirarse en forma pacífica y adulta. Nos quisimos, nos amamos, nos comimos, nos digerimos, nos … bueno.

¿Y ahora? Ya no nos soportamos. Ya no nos calentamos, no nos miramos, no nos celamos, no nos extrañamos. Ya no.

Y un vacío ácido que no es dolor pero duele, se apodera de nosotros y nos preguntamos ¿Dónde quedó el amor? ¿Por qué ya no puedo rescatarlo? ¿Y si levantás esa alfombra y buscamos de nuevo? Ah… ya buscamos demasiado. Es verdad.

¿Y si empezamos a mirarnos, a escucharnos, a interesarnos, a seducirnos?

¿Y si hacemos un esfuerzo por recordar lo que nos enamoró uno del otro? Ah, claro, estamos cansados.


Sí, tenés razón. Mejor me voy a dormir, que encima me duele el alma.


lunes, 3 de noviembre de 2008

En el pedestal


Nunca pensó que recibir un “SI” como respuesta a sus pensamientos convertidos en preguntas iba a trastornarlo tanto.
Nunca supuso que el espejismo de un amor lo iba a maltratar de esa manera.
¿Cómo fue que llegó a enamorarse de Natalia? ¿Cuándo le permitió al corazón ceder terreno sobre sus pensamientos? ¿En qué momento bajó la guardia? ¿Cuándo lo abordaron por sorpresa?

Repasando episodios, no supo darse cuenta. Solo sabía que desde el primer “Hola” esa mujer acaparó su atención. Era linda, divertida e interesante. Además podía pasar horas hablando con ella. Siempre aseguró que esa era una combinación peligrosa para las defensas del hombre pero, concientemente, se dejó invadir.
No era ajeno a su culpa y a sus ganas.
Es que era imposible no engancharse con Natalia y no extrañarla… Qué raro eso de extrañar… es como una dependencia no elegida.

Tenían tremendas jornadas de sexo y charlas y risas y sexo y mimos y sexo y besos. Increíbles besos. Esos besos que crean adicción. Sí, estaba seguro que esos besos lentos, mojados, curiosos, caníbales, besos de boca grande y generosa eran un vicio. No podía ser de otra forma. No, no podía ser.
Porque además de todas esas virtudes, Natalia sabía decir lo que a él le gustaba escuchar en el momento que él lo quería escuchar. Y sabía callarse. Y sabía guardar silencio durante largos minutos, y mirarlo, y escucharlo. No lo interrumpía. ¡Cómo le gustaba que no lo interrumpiera cuando hablaba!. Entendía perfectamente el concepto del diálogo, algo tan vapuleado hoy en día.
Si, decididamente le gustaban esas charlas…
Y sin embrago, ella le contestó que “SI”. Qué golpe tan certero al corazón de un hombre enamorado.
Pero acordemos que sólo a él se le podían ocurrir esas preguntas luego de una tarde de besos y risas.

- Nati, ¿por qué estás conmigo?
- Porque me cogés muy bien.
- Sólo por eso?
- Sí.


Me contaron, me dijeron, escuché por allí que esos puñetazos son muy difíciles de cicatrizar.