martes, 28 de octubre de 2008

Decepciones


La chica del mostrador tenía sonrisa de boca grande y dientes parejos.
Y cuando él le hablaba su corazón se ponía a galopar.
Él esperaba ansioso que se le acaben los artículos de perfumería para ir hasta su chica de mirada generosa.
A ella le gustaban los principios de mes porque sabía que él vendría a visitarla con la excusa de la compra. Que llegaría con su traje prolijo y con el primer botón de la camisa desabrochado, que sacaría número y esperaría su turno.
Se esmeraba especialmente para doblegar el azar e intentar que ninguna compañera atienda a su cliente.
Él, estrujando el pequeño papel entre sus dedos, había dejado pasar más de una vez a alguna persona, mientras simulaba hablar por celular esperando que la chica del mostrador llame de nuevo.

- Buenos días. ¿Qué necesitaba?
(Hola mi amor. Te estaba esperando)
- Un desodorante Rexona Hombre
(Qué hermosa que estás hoy. Radiante)
- ¿Algo más?
(Ojalá supieras que me arreglé para vos)
- Si, una espuma de afeitar Palmolive y la loción after shave…
(Como te comería a besos. Tenés una boca increíble)
- ¿Esta marca está bien?
(Por favor, mordeme los labios, mirame a los ojos, besame el cuello)
- Si, perfecto.
(¿Sabés que anoche me masturbé pensando en vos?)
- ¿Alguna otra cosa?
(Me encanta imaginar tus manos grandes en mi espalda y tu respiración cerca de mi oído)
- No, gracias.
(¿Me dirías que sí?)
- ¿Abona en efectivo o en tarjeta?
(¿Cuándo me vas a invitar a salir?)
- Tarjeta de débito
(Mañana vengo a buscarte. Hasta luego Preciosa)
- Ok, muchas gracias, en caja le cobran.
(Mañana te espero. Chau Papito)


Un día, él se animó y ella le dijo que sí.
Salieron a cenar y terminaron enredados en la cama.
La pasaron genial durante bastante tiempo. Tuvieron muy buen sexo y se divirtieron.
Luego se aburrieron y no se vieron nunca más.
Él comenzó a comprar los productos de perfumería en el supermercado, siguió pagando con tarjeta de débito y se casó con una chica gorda que luego lo abandonó.
Ella dejó de trabajar en la farmacia y se enamoró de un hombre que le llevaba quince años y que nunca la amó como ella hubiera querido.


¿Por qué me miran así? Es lo que hay. No es mi culpa que la mayoría de la gente se sienta incompleta.
Mañana les escribo una historia con final feliz.


viernes, 24 de octubre de 2008

El versito de los viernes (IV)


Encontrame en el tiempo.

Descubrime de a jirones

(pero explorame profundo).


Seducime y conquistame.

Sembrame que soy fértil.

Cultivame que soy promesa.

Explotame y sé egoísta.

Cosechame una vez más.


Porque hoy (solamente hoy), me dejo.




martes, 21 de octubre de 2008

Descarado


Cómo la calentaba que la mire así. No era especialmente apuesto, ni especialmente inteligente, ni especialmente gracioso, pero la mataba que la mire así.
Era única esa mirada. Era casi un rito esa mirada.
Al principio le pareció un poco fuera de lugar que cuando los presentaron él la haya mirado de esa manera. Le clavó la vista, le dio la mano y después la acercó suave pero firmemente hacia él y la saludó con un beso en la mejilla.
A ella le había gustado ese pequeño gesto de posesión. Tanto que hasta se ruborizó un poco. Tanto, que hasta le dio vergüenza llegar a oler su perfume. Tanto, que hasta imaginó esa mano fuerte y segura acariciando su cuello.
Ella lo veía una o dos veces por semana, por una cuestión de trabajo. Y cada vez era lo mismo. Después del saludo formal, se iba a sentar a su escritorio y la miraba. Descaradamente la miraba. Imperturbable, le clavaba la mirada y ella podía sentir cómo la iba desnudando lento, con la cadencia de los buenos amantes, con el ritmo que a ella le gustaba.
Se vestía para él porque sabía que la iba a desvestir. Estaba en todos los detalles porque le gustaba imaginar que él estaba controlando todo.
- “Comeme con la mirada. Haceme lo que quieras”- pensaba, mientras conversaba desinteresadamente en la oficina con un cliente y controlaba de reojo que él estuviera mirándola desde su escritorio.
Más allá del hombre, podía sentir cómo esos ojos la deseaban y la poseían descarados, sin permiso, irrespetuosos, infames, seguros, orgullosos, hermosos, sin un dejo de educación pero sin perder la compostura.

Nunca pasó nada especial entre ellos. Nunca la tuvo más que con sus ojos.
Después de todo, lo que más le atrae a ella de un hombre, siempre, es la forma en que la mira.


Ahora, ¿se animan a sincerarse y decirme qué los atrae de la persona que les gusta? Además de lo obvio, quiero saber qué es eso que los captura, que los deja pensando, que los hace ir más allá, que los hechiza.

viernes, 17 de octubre de 2008

Desolación




Un día, siendo muy niña, encontré un nido con dos pichones en las ramas de un viejo árbol del fondo de mi casa.
Siempre tuve facilidad para trepar hasta donde quisiera a la par de mis primos varones, así que me subí al árbol y alcancé el nido sin problemas.
Como se me había metido en la cabeza que los pichones estaban huérfanos, me había impuesto como obligación alimentarlos y cuidarlos.
Todos los días, trepaba hasta el nido y les alcanzaba algún bichito que encontraba en el agua de la pileta y migajas de galletitas de mi desayuno.
También solía sentarme a la sombra en mi pequeña silla y vigilar, cual guardiana celosa, que no decidieran irse a volar por allí, sin mi permiso.

Una mañana, luego de una tormenta terrible de lluvia, viento y granizo, fui corriendo hasta el árbol para saludar a mis pichones y encontré a ambos en el piso, muertos. El nido estaba vacío y semi destruido.
Jamás imaginé que una tormenta podría matarlos. En mi cabecita la idea de la muerte no había existido ni dos segundos.
Me quedé mirándolos un rato, tratando de entender y luego corrí en busca de mi mamá.


Todavía, aún, me cuesta aceptar el fin de mi inocencia.


lunes, 13 de octubre de 2008


"...Desparramada por las calles de Buenos Aires..."
Pensar que allí se encuentra el ser que nos desarma e inquieta: desparramado en algún lugar de esas callecitas de por allí.
Ustedes ya lo encontraron?? No?? Y qué esperan para el abordaje?

jueves, 9 de octubre de 2008

Escritor invitado: Waitman

Como sabrán, este es un blog donde la gente con buena onda es bienvenida.

Además, está muy bueno el feed back que se arma entre los comentaristas.
A mi estimado Waitman se le ocurrió escribir una segunda parte para el relato "Ella y él".
No sólo me pareció una idea genial, sino que además me alegra que deje un texto en mi casita virtual.
Para festejar que comienza un fin de semana largo y hecha esta pequeña introducción, les dejo el texto de Waitman para que lo disfruten.
Como siempre, muchos besitos y abrazos. Elijan lo que les plazca.
Chuiquis!!


"Ella y él" (Parte II)
Se apoyó contra la pared y comenzó a esbozar los primeros trazos sobre el papel para dejar plasmada esa imagen que, después de todo, jamás olvidaría.

Ella observaba ese cuerpo desnudo y erecto que se mantenía lejos de sus manos atadas.
Deseosa y tierna, sólo se dedicó a transpirar la trágica lentitud de su amante. Podía estar desnuda y atada, sin embargo se mantenía tan firme y erguida como siempre. Y eso la hacía aún más sensual.

El lápiz plasmó sobre la hoja la figura, pero fue en el cuerpo de ella donde realizó su mejor dibujo.
Se acercó a ese cuerpo inmóvil y húmedo para recorrerlo suavemente con la afilada punta del lápiz. Rozó su cuello, bajó por el centro de sus pechos remarcando las hinchadas areolas y, finalmente, se entrelazó en la maraña de su pubis.
Ella retorció las muñecas tras su espalda. Gimió y dejó caer la cabeza hacia atrás.
Él soltó el lápiz, la desató, levantó en andas a su inspiradora y comenzó a dibujar sobre ella una boca abierta, gotas de sudor, un par de manos que la sostenían por el culo y un par de pies que se entrelazaban en la espalda del mismo dibujante, cuyo último trazo final y desgarrador, fue el de un par de sonrisas exhaustas.

lunes, 6 de octubre de 2008

Ella y él


El encuentro era obvio y pautado de antemano.
Habían salido a cenar y se gustaron. Compartieron el gusto por las pastas y por el Cabernet Sauvignon.
Luego de esa salida, hubo mails, chats y llamadas estratégicas.
Tenían piel, de eso estaban seguros.
A ella le gustaba el olor de él. Apenas perceptible, era exquisito.
A él le gustaba la mirada de ella. Y el culo. Qué buen culo tenía ella.
Se encontraron para cenar, pero saltearon la comida y terminaron en un hotel.
Y si… ellos sabían de antemano que tenían piel.
No fue necesario más que un terrible beso para bajar la bandera de largada.
En menos de dos minutos estaban desnudos y devorándose.
Como si se conocieran de toda la vida… "es raro eso", pensaba ella, “siento que lo conozco de siempre”. "Qué increíble", pensaba él, “siento que esta mujer me puede”.

Al verla desnuda, comprobó que era hermosa. Sentía que era demasiado hembra para dejarla suelta, así nomás. Sintió miedo en las entrañas. Sintió que se le revolvían el corazón y la cabeza.
Ella, se estremeció con una extraña sensación de bienestar. Se sintió desarmada y vencida. Ese hombre la volvía un instrumento.
Él, hechizado, la llevó hasta una silla. La sentó. Con movimientos lentos, tomó una de las medias que ella se había sacado. Le ató suavemente las manos por detrás.
Ella, embrujada, se dejó hacer, sin resistencia.
Él se alejó. La miró. Era exquisita. Desnuda, sentada en una silla, jugando a ser atada, con esas largas piernas entreabiertas.
Y antes de sucumbir de amor, tomó un lápiz y la dibujó.
En blanco y negro la dibujó.


Claro que luego, la amó en colores, como se imaginarán.

viernes, 3 de octubre de 2008

Soy tuya

Es viernes.
Por fin, o no. No sé.
Les dejo un video, "Soy tuyo" de Andrés Calamaro.
Y la letra, que es lo que más me interesa dejarles.
Ya sé, es muy simple. Pero por alguna razón, me puede. Me debilita. Me hace bajar la guardia.
(Me gustaría que alguna vez me escribas algo así, sencillo, tonto y básico y me lo dediques. Sí, vos. No mires para atrás, que a vos te hablo).
Bueno, eso. Una bobada.

Les dejo besos y el deseo de un muy buen fin de semana lleno de mimitos.


Me gusta desarmarme arriba tuyo,
me gusta demasiado ensuciarte,
besar tu flor inmediata, besarte atrás y adelante.

Me gusta tanto que me encante,
que quiero hasta la locura
desarmarme en el vaivén de tu cintura
y remar sobre tu espalda y naufragarte.

Soy tuyo, con mi mayor convicción,
soy tuyo con toda la fuerza de mi corazón,
que es tuyo, y como cada pensamiento mío,
es tuyo , soy tuyo.