viernes, 29 de agosto de 2008

Contradicciones

Buen Fin de Semana para todos!!!!! Levántense, y gocen que la vida es corta!
Chuik, chuik, chuik!!



No volveré a enamorarme de vos.

No voy a dejar que me claves la mirada y me ahogues en esos ojos profundos. No vas a volver a rozarme, a tocarme, a acariciarme.
No voy a permitir que me comas a besos con esa boca golosa. No quiero que vuelvas a peinar mi cabello largo y mojado, ese que tanto te gusta mirar cuando cae, pesado, en mi espalda desnuda.
No pienso dejar que me vuelvas a llamar, a engañar, a enredar, a manipular, a hipnotizar, a poseer. Nunca más vas a desvestirme rápido mientras me hablás lento al oído. Ni pienses que volverás a explorar por mis paisajes desiertos ni mis valles húmedos.
Olvidate de respirar en mi cuello y matarme con cosquillas y ahogarme con tus besos y jugar cerca de mi ombligo.
Ni se te ocurra que vas a volver a estar en mis pensamientos, una y otra vez, taladrando mi corazón y mi alma. No te voy a permitir que me invadas a la noche como un espectro, deseando no desearte más.

No. No voy a volver a enamorarme de vos. Decididamente quiero no quererte.



lunes, 25 de agosto de 2008

José Gris

José estaba aburrido.

Claro que, todavía, no era conciente de ese hecho.

Las evidencias se hicieron físicas en pocas semanas. Comenzó a tener más sueño del normal, tenía menos hambre y las comidas que solía comer le traían acidez, se le empezó a caer el pelo, a la mañana no quería levantarse y a la noche le costaba ir a la cama, tenía más ganas de quedarse solo tomando una copa de vino que de recostarse en el sillón escuchando música abrazado a su pareja, el sexo se había convertido en un acto rutinario de los viernes o sábados por la noche…

Pero lo más preocupante era que, paulatinamente, estaban desapareciendo los colores. Todos los objetos que lo rodeaban estaban virando al gris. Las flores del jardín de su vecina, los muebles de su casa, los paisajes somnolientos que miraba desde el colectivo en su viaje diario al trabajo, el perro que le ladraba todas las tardes, la comida que comía a desgano todos los días, la música que escuchaba, su mujer completa…

Un gran susto se dio cuando una noche de insomnio se levantó al baño y el espejo le devolvió una cara cenicienta. Miró mejor y vio que todo él estaba gris. Gris aburrido, gris tedioso, gris rutina, gris obligación, gris problema, gris opaco. José el gris era.

Estaba muy deprimido y ese estado le impedía volver a estar coloreado. Le faltaban ganas, entusiasmo, pasiones… y dentro de todo, el gris no era tan feo, pensaba José.

Es más, hasta se convenció que el gris era un bello color. A veces encontraba un gris clarito que lo excitaba o un gris oscuro que todo lo todo intensificaba y por un momento sentía que era un tipo feliz.

Una mañana gris, llegó tarde a su oficina, se sentó en su escritorio, prendió su computadora y se puso a trabajar. A media mañana se acercó Celeste, la chica más simpática y bonita de todo el lugar y le dijo:

- Hola José. Ya empezaba a extrañarte. Este lugar es tan gris sin vos.

Y le regaló una bellísima sonrisa de dientes blancos.


Era un día hermoso… y el cielo se dejaba ver tan celeste por esa pequeña ventana de su oficina...

viernes, 22 de agosto de 2008

El versito del viernes (II)


¿Y ahora qué hago tan sola con mi soledad?
Decime qué hago con esta tristeza que me maltrata,
con estas sábanas frías,
con mi desconsuelo que me abruma,
con este cuerpo desalmado,
con este amor tan huérfano,
con estos besos sin destino?

Fingir.
¿Fingimos?
Dale, finjamos.

lunes, 18 de agosto de 2008

El arte del buen comer


Siempre consideré exquisita la combinación del sexo con la comida.
Como confío en que ustedes comparten mis gustos, les contaré un secreto culinario. Esta es una receta sencilla y adaptable.
Los ingredientes pueden variar según el gusto de los comensales, al igual que el tiempo que se le dedicará al maceramiento de los sentidos.
He aquí un extracto de mi recetario:

...Aún recuerdo ese ambiente cálido y tenuemente iluminado.
Me dijiste que me desnude y que me acueste boca abajo en la inmensa cama de sábanas blancas y perfumadas. Supuse que se aproximaba una sesión de tus maravillosos masajes. Esta vez me equivoqué.
Escuché a mis espaldas que abrías un paquete de miniconfites de chocolate, esos de colores, que hacen ruidito, que no se derriten en la mano.
Sonreí al sentir tus dedos corriendo el cabello de mi espalda e imaginando lo que venía. Así, comenzaste a colocar sobre algunas de mis pecas los confites coloridos, haciendo dibujos tribales sin sentido. Con rigurosa prolijidad, seguiste la línea de mi columna, con cuidado de depositar cada gragea en el pequeño hueco que le asignaban mis vértebras.
Luego el camino de golosinas tuvo que dividirse para transitar por mis piernas y detenerse justo detrás de mis rodillas.
Estaba paralizada. Trataba de respirar suavemente por temor a destruir tu pequeña obra de arte, lo que se convirtió en una cruzada casi imposible, al sentir que tu boca comenzaba a devorar los confites atrevidos.
Así, siguiendo el dibujo, comías algunos, corrías otros, lamías el resto, eligiendo a las víctimas de tu lengua.
Y claro, era obvio que luego de tanto chocolate, tendrías que calmar tu sed…

jueves, 14 de agosto de 2008

Intimidad


Tenés los ojos cerrados y una mano sobre mi espalda; mientras, la otra juega con un mechón de mi largo cabello revuelto, en íntima complicidad.
Esa imagen es única y siempre es así después de hacer el amor. Siempre la misma tranquilidad.
Cada vez que pienso en vos, así te veo, así nos veo, como una fotografía imperturbable al paso del tiempo, tirados en la cama relajados y felices.
Soy capaz de perderme durante largos minutos recreando esa escena y ya no sé distinguir entre la realidad y la fantasía. ¿Realmente fui tuya o sólo es mi mente que no deja de imaginarte? ¿Hubo algo entre nosotros o simplemente sos el producto de inventarte y reciclarte en mis recuerdos una y otra vez?
¿Y por qué este diálogo retumba y golpetea en mi cabeza?

- “Contame una historia- te digo.
- ¿De qué querés que trate?
- Contame una historia que no le hayas contado a nadie.”


Lo mismo te pido a vos.
Si tenés ganas, hacé memoria. Inventame algo. Contame un secreto. Mentime un poquito.

lunes, 11 de agosto de 2008

Las chicas


Con el primer saludo se dieron cuenta que podrían ser buenas amigas.
Lucía era nueva en el grupo de la facultad y Vicky desde el inicio se le acercó y la ayudó a sentirse cómoda y a entrar en confianza con los más antiguos.
Las chicas pasaban muchos ratos juntas. Realizaban trabajos prácticos, en los descansos comentaban notas y apuntes y como vivían en la misma zona, solían compartir el viaje.
Así fue como empezaron a hacerse inseparables.
Lucía era una joven muy linda que llamaba la atención de los hombres. Alta y delgada, se desplazaba con un andar pausado y tenía una sonrisa a prueba de pesadumbres.
Vicky era tan simpática y personal que los que la conocían pronto dejaban de notar su apariencia un poco tosca, su voz demasiado gruesa y su rostro marcado por un acné juvenil que dejó huellas muy visibles.
Cuando salían juntas, la diferencia a favor de Lucía se hacía obvia. Los hombres se le acercaban, pero ella se encargaba de alejarlos hacia el final de la noche para no dejar sola a su buena amiga.
Un día de verano, las chicas fueron a bailar. Estaban de muy buen humor. Habían tomado un champagne y fumado un poco antes de salir.
En la pista bailaban juntas como siempre.
Transpiraban, se rozaban, se tocaban.
Lucía se veía especialmente bella con tan poca ropa y con el cuerpo brillante por el sudor.
Vicky se veía especialmente segura de sí misma.
Tomó a Lucía de la mano, la sacó de la pista, la apoyó en una columna y le dio un apasionado beso.
Lucía estaba demasiado borracha y confundida para rechazarla rápidamente, así que dejó que Vicky la bese por un momento y le muerda despacio los labios.
Luego, la miró enojadísima consigo misma por no haberse dado cuenta de los sentimientos de su amiga.

Tenía la certeza que lo que menos le molestaba era el beso.
Simplemente, odiaba dar explicaciones.
Y Vicky le caía tan bien...

viernes, 8 de agosto de 2008

El versito del Viernes (I)

Hoy estoy en tu menú.
Hoy quiero ser tu cena.
Hoy te invito a sentarte a mi mesa.

Un sencillo mantel blanco,
un plato de sitio azul,
una botella abierta de vino tinto
(sí, ese, tu preferido),
dos copas servidas y con lágrima,
una gran servilleta clara
para que te cuelgues del cuello.
Sin cubiertos.

Hoy estoy en tu menú
(y vas a comer con las manos).

Te lo prometo.


Buen fin de semana para todos!!!!!!

lunes, 4 de agosto de 2008

Villa Onán


La tensión era inevitable.
No podía creer que la tenía a su lado. Toda para él.
Tan cerca, tan sexy.
Tantas veces se había imaginado así, rozándola, sintiendo su olor.
Con los ojos cerrados podría reconocer ese perfume. Perfume a ella.
Así, tan bella, tan tensa.
Cuántas veces la había soñado en su cama, desnuda, entregada, amándolo, seduciéndolo con cada mirada, con cada sonrisa de esa boca que invita al exceso.
Cuántas veces la había reinventado con sus manos, en aquellas noches donde la soledad amenazaba con noquearlo de un golpe.
Cómo deseaba a esa mujer. Creía firmemente que era una de esas ninfas que te sacan el aliento con una caricia, que te elevan con un beso y que te hacen volar en una tarde de sexo, sábanas tibias y sentidos a flor de piel.
Y claro, la presión era inevitable.

"La miro, la miro, la miro. Le clavo la mirada y apenas me mire la tomo entre mis brazos y le digo que yo también la deseo, que deje de hacerse la desentendida, que deje de simular que no existo, que acabe con esta farsa que nos destruye y nos aleja"

En ese momento, la dama ajena a la tensión y a los sentimientos del hombre se dio vuelta, le clavó sus expresivos ojos pardos y le dijo sonriendo:
- ¿Bajás en el piso 15?
- No, no... Sigo hasta el 20. Gracias.

Ufffff... casi.