martes, 24 de junio de 2008

Búsqueda



Mauricio era distinto. Él no iba por la calle buscando unas buenas tetas o una cola importante. Ni siquiera una cara bonita. O unos labios carnosos.
No.
Mauricio caminaba mirando hacia abajo porque él buscaba pies.
Su teoría se basaba en que una mujer con bellos pies era poseedora de un bello sexo. Cuánto más largos y delgados sean los dedos, cuanto más finos y delicados sean los tobillos, más dulce y húmedo sería su sexo.
Así, Mauricio iba caminando buscando el pie más sensual.
Le llamaban la atención los pies libres y livianos. Esos que llevan sandalias con poco cuero, que dejan los pies al descubierto casi totalmente. Hasta le daba pudor mirar un bello pie desnudo.
Una tarde de calor, se agachó para atarse los cordones y pasó al lado de él la mujer con los pies más hermosos del planeta. Huesudos, con dedos largos y tobillos de princesa.
Tanto insistió el chico, que la dama en cuestión terminó enamorándose perdidamente de él.
Tenían largas jornadas de sexo donde Mauricio la desnudaba y procedía a hacerle una larga sesión de mimos y besos en los venerados pies de su amada. Luego, cuando ella estaba tensa y sumisa, continuaba por más. Manejaba con destreza el arte de encontrar el lugar donde ella guardaba los gemidos y así, los liberaba por un rato.
Así, la relación siguió su rumbo y una noche de invierno, ella se metió en la cama con medias largas de lana.
Mauricio sintió una gran angustia al comprobar que la mujer perfecta no existe.

viernes, 20 de junio de 2008

Yo Caníbal

Hola!!!

Hoy es viernes de refrito. Como hace mucho frío, los invito a releer este texto que a mi me hace entrar en calor.
Ojalá lo disfruten. Buen fin de semana y a ganarle la pulseada al frío haciendo cucharita!!!!!!
Besos.


Estás dando tu conferencia sobre el enfoque estructural del hombre…. bla, bla, bla.
Interesante la antropología, en serio. Sabés que me apasiona. Pero hoy no puedo concentrarme por más detalles que des al respecto. En lo único que pienso es en comerte.
Estoy sentada con la mano izquierda sosteniendo mi cabeza. Y te miro fijo. Estoy al acecho. Ya no te escucho. Los oyentes de nuestro alrededor desaparecen. Sólo quedamos vos y yo. Me levanto y me subo a esa larga mesa que está delante tuyo. Voy gateando sigilosa como un animal hasta ubicarme muy cerca de tu cuerpo quieto.
Te huelo. Mmmm. Me encanta tu olor.
Te paso la lengua por el cuello. Te saboreo lento. Te lamo las mejillas.
Mi nariz juega con tu boca. Te hociqueo. Soy un animal y te voy a devorar. Quiero comerte.
Quiero tenerte adentro mío porque hoy soy caníbal. Quiero llenarme de tu energía, de tu esencia. Te quiero tener más allá de los límites. Por más que te abrace no me alcanza.
Como una loba te voy a devorar y vas a ser, de una vez por todas, parte de mi.

martes, 17 de junio de 2008

Burbujas


Hoy me perdí en mis recuerdos. Hacía rato que no lo hacía.

Tenía que terminar unos trámites corriendo contra reloj.
El tránsito era intenso a la hora pico y las barreras del tren no levantaban. Otra vez estaban rotas e imperaba el caos. La alarma del cruce que no dejaba de sonar, una cola eterna de autos intentando cruzar hacia el otro lado, bocinazos, la incertidumbre de no saber si viene o no viene el tren, los arriesgados que pasaban sin preámbulo, insultos, los temerosos que no se decidían, bocinazos de nuevo, camiones de contramano.
Respiré profundo. Subí la ventanilla del auto, bajé la cabeza y me agarré del volante preparada para la media hora que me esperaba.
Cuando levanté la mirada los vi a ellos. Dos jóvenes se besaban ajenos al mundo que los rodeaba. Como en cámara lenta se tocaban, se sentían, se volvían a besar. Ella tenía sus manos puestas en los bolsillos traseros del pantalón de él. Él, la tomaba por la cintura y la apretaba contra su pelvis. Le apoyaba su sexo sin reparo alguno. Ella se movía despacio contra él disfrutando esa sensación. Se comían con la mirada, se decían algo al oído, sonreían traviesos, se besaban de nuevo. Se mordían lento y volvían a reírse.
Me quedé mirándolos como una fisgona. Escudriñándolos. Estudiando cada gesto.
Y no pude evitar sentir una nostalgia atroz. Cuánto hacía que no me besaban así!!!!! Y no me refiero a la pasión, las ganas, la intensidad o al acto de besar en sí.
Quiero explicarme bien e ir más allá. Quiero llegar hasta mi adolescencia, hasta ese amor que me hacía volar de alegría y me retorcía las tripas, hasta esas ilusiones, esa inocencia, esa creencia de la existencia eterna de la pasión.
Quiero envolverme, por un rato, en esa burbuja invisible que los rodea y los aisla del mundo. No tener otra preocupación en mi cabeza más que la prolongación de ese beso que me come la lengua, de ese abrazo, de esas palabras traviesas en mi oído. Y volver a ser esa chica ansiosa, ilusa, enamoradiza, ajena al ruido, al tránsito atroz, a las alarmas que no paran de sonar.


Un bocinazo me arrancó violentamente de mi visión.
Puse primera y me sumergí en la jungla.

sábado, 14 de junio de 2008

¡¡¡Feliz Día, Papito!!!


A todos los papis que suelen visitar este blog, les deseo un hermoso domingo lleno de besos babosos y abrazos.
Y a VOS, my Daddy, todo el amor que puede regalarse en un abrazo apretado y en mil besos eternos.

Felicidades!!!!!!

martes, 10 de junio de 2008

Vanidades


Samanta tenía una relación especial con los espejos. Le apasionaban.
Se sentía feliz cuando se miraba en ellos. Cuando debía salir, pasaba un buen tiempo arreglándose el cabello o confirmando que la ropa le iba a quedar bien y que todo combinaba correctamente.
Cuando terminaba de ducharse, iba hasta el espejo grande de su habitación y dejaba caer el toallón a sus pies. Se miraba desnuda de pies a cabeza. Se estudiaba. Apreciaba su bello cuerpo, sus piernas largas, su linda cola producto de varias horas en el gimnasio, sus pechos pequeños y firmes. Comprobaba que sus axilas y su pubis sigan minuciosamente depilados. Le parecían de mal gusto los pelos en el cuerpo de una mujer. Solía sentirse afortunada de no tener más que unos pocos vellos rubios en los brazos y en el bozo y liberarse de la depilación en esas zonas.
Pasada la inspección de rutina, ponía un poco de crema en el hueco de la palma de su mano y comenzaba a encremarse todo el cuerpo siguiendo el ritual diario. Comenzaba por los tobillos y seguía masajeando y subiendo por sus piernas hasta llegar al cuello. Le daba muchísimo placer sentir cómo esa crema humectaba y refrescaba su piel.
Y nunca dejaba de mirarse al espejo mientras completaba el masaje.

Un día, Samanta conoció a Martín. Era el hombre más atractivo con el que había salido. Hermoso por donde se lo mire, la chica no veía la hora de comerlo a besos.
Luego de un par de citas donde la histeria ocupaba un lugar más importante del que corresponde al bien común, terminaron besándose y enredándose en el living del departamento de ella. Samanta, rápidamente lo guió hasta la habitación.
Se desnudaron y se subieron a la cama. Allí, en la pared, el espejo era testigo privilegiado del encuentro.
Mientras se besaban, se tocaban y se susurraban palabras al oído, no podían dejar de mirarse al espejo.
Samanta se miraba.
Martín se miraba.
- Qué suerte que soy hermosa- pensó ella.
- Qué suerte que me mantengo tan bien- pensó él.

Y así, de pronto, entre embestidas y frenadas, comenzaron a pelear por el lugar protagónico frente al espejo. Se movían, se ocultaban, se desplazaban y se olvidaban de gozar con el otro.
Cuando la pasión amorosa ya estaba casi opacaba por esta guerra de vanidades, Samanta se levantó y le dijo que se retire. Que no podía, que no había onda, que, que, que… todas excusas.
Martín confundido y reconociendo que el hechizo había desaparecido, aceptó y se fue de buenas ganas.

Cuando ella terminó de cerrar la puerta, pensó:
"Y éste qué se piensa… nadie va a venir a taparme el espejo…"

jueves, 5 de junio de 2008

Hoy: escritor invitado

Hoy voy a publicar un texto que no es de mi autoría. Es de un amigo mío que escribe muy bien , pero no se anima. Se llama Guido Anselmi.

Les recomiendo este texto. Pueden comentar tranquilos que Guido se encargará de contestarles.
Mientras, yo me voy a tomar un bañito de inmersión y hacer unos masajes relajantes.
Les dejo besos.

Ella se lo merecía. De eso él estaba convencido. También sería su noche después de todo.
Tantas veces lo habían actuado que consumarlo era casi un deber.
De todos, él llamó a su favorito, el más dandi, el que siempre traía alguna novedad; una fiesta, un nuevo bar…
De sus amigos de siempre era uno de los pocos que no se había casado, los excesos y la diversión llegaban ahora de su mano.
Pasaron a buscarlo en auto, y lo invitaron a sentarse adelante.
Entre risas y canciones desafinadas llegaron a un bar recién inaugurado, un sitio a puertas cerradas, muy elegante en su modernidad.
Nuevamente se sentaron los tres en un mismo sillón; la dama, animada por la bebida, intercambiaba miradas cómplices y trataba de adivinar las intenciones de su marido.
Agotados los tragos, subieron nuevamente al auto y eligieron una discoteca; de vuelta los tres adelante, esposa y amigo cómodamente apretados en el asiento del acompañante.
En la disco se convirtieron rápidamente en el centro de las miradas, los tres bailaban muy bien y ella repartía giros y ondulaciones para cada uno de sus partenaires.
Llega el momento en el que toda mujer debe ir al baño.

- Deberías seducir más abiertamente a la dama- le dijo a su amigo cuando estuvieron solos, y se perdió entre la gente camino a la barra.

Cuando volvió, se detuvo de lejos a contemplar la escena tan soñada, su mujer estaba atrapada por un beso que le prendía fuego a la noche, en medio de la pista, ante la mirada excitada de tantos hombres que envidiaban la suerte de su amigo.
Había que salir de ahí.
Subieron al auto. Esta vez él se ofreció como chofer e invitó a los pasajeros a viajar atrás. Despacito, avanzando por calles desiertas y oscuras, espiaba por el espejo y adivinaba lo que ocurría fuera de su campo visual. Cuando tenía que prestar atención al tránsito, se deleitaba con la música de los cuerpos.
Llegaron al hotel, entraron a escondidas y no demoraron en arrancarse la ropa.
Los dos hombres se lanzaron sobre la dama.
Ella sopesaba, alternaba, se relamía, se entregaba y recibía besos, caricias y embestidas.
Cuando la carne es feliz se nota porque baila, y emite sonidos que no son de aquí.

La noche fue generosa.
Cuando el reloj amenazaba con romper el hechizo, ella ya se había dado el gusto de dormir, aunque sea brevemente, entre dos hombres.

lunes, 2 de junio de 2008

Hot line

Se habían conocido de casualidad porque Juan marcó por equivocación el número de la casa de ella cuando quiso llamar a un cliente.
Él suele ser un hombre introvertido y correcto. Un clásico tímido de poco hablar. Pero ese día, por algún motivo que intenta reprimir, le dijo a esa desconocida que tenía una voz hermosa y le rogó que no le corte sin antes decirle su nombre.
Ella había tenido una mañana complicada y tuvo que suspender lo que estaba haciendo para atender ese llamado equivocado. Así que no lo hizo de la manera más educada. Sin embargo, Juan le había sacado una sonrisa con el piropo. Y aunque se negó a dejarle el nombre y a aceptar las ganas que tenía de seguir hablando con un hombre tan simpático, le cortó. Y se sorprendió a sí misma cuando al apoyar el teléfono en la base, dijo en voz alta “Mmmm… ¡Lindo!”
Por su lado, él agendó en su celular el número de ella con las letras MVS SA (Mujer de Voz Sexy). Y se rió para adentro, feliz con esa tontería.
A los dos días la volvió a llamar. Pero esta vez ella no cortó. Fue así que comenzaron a tener una relación telefónica.
Cuando Juan hablaba con ella, se sentía distinto. Podía ser frontal, divertido, valiente y romántico. Era un superhéroe.
Cuando ella hablaba con él, se sentía una adolescente provocativa y despreocupada.
Un día, él se animó y le dijo que estaba excitado. Ella sintió una puntada en el estómago y le siguió el juego. Así comentaron a tener charlas muy audaces.
El le susurraba al teléfono cosas que no le decía ni a su mujer.
“Tocate para mí” (Jamás le dijo eso a su esposa).
“¿Estás mojadita, Mami?” (Mejor, ni averiguar lo que le contestaría…).
“Masturbate y decime qué sentís” (No…. definitivamente. Su mujer nunca lo entendería).
A ella le encantaba obedecerle, sumisa. Y deslizaba su mano dentro de la ropa interior, tal como él le decía. Y así jugaban. Se seducían, se decían guarangadas, se imaginaban excitados y tocándose.

Un día, ella consideró que ya era hora de conocerse. Entonces se lo propuso.
Qué lástima que tengamos que separarnos, pensó Juan. Nos llevábamos tan bien en la cama…