lunes, 29 de diciembre de 2008

La Siesta de Fin de Año


Les voy a contar un recuerdo feliz que tengo de mi infancia. Tiene que ver directamente con las fiestas de Navidad y Año Nuevo.

Para Noche Buena, mis padres, mis hermanas y yo íbamos a la casa de mis primos paternos. Pero para Fin de Año la Gran Fiesta Gran era en la casa de mis padres, con baile callejero incluido.
Durante la tarde del 31, mi mamá nos obligaba a dormir la siesta para que aguantemos hasta entrada la madrugada sin molestar demasiado a los adultos, así ellos se podían pelear tranquilos y emborracharse sin mayores consecuencias.
Pero era imposible cerrar un ojo con la cercanía de semejante evento.
Mis dos hermanas y yo nos acostábamos y nos hacíamos las dormidas esperando ansiosas que la tarde pase para que la noche llegue lo más rápido posible. No podíamos evitar espiarnos y reírnos, molestarnos y reinos, tirarnos cosas y reírnos. Todo mientras transcurría la apacible tarde pre festichola.
El recuerdo es de esos donde están involucrados todos los sentidos: puedo sentir el calor veraniego que entraba por la cortina entrecerrada; ver la luz que se filtraba por las rendijas de la persiana y se proyectaba en la pared; oler la comida que mi mamá estaba preparando en la cocina para la noche; escuchar el turbo viejo que apenas nos ventilaba; saborear el gusto de las uvas heladas que nos llevábamos como postre a la habitación y sentir la excitación propia de la niñez al esperar ansiosas las horas venideras.
Esas sensaciones ya no están, pero todavía sigue viva en mí esa nena fantasiosa que disfruta con las fiestas de fin de año.
Es un recuerdo hermoso y aún me llena de felicidad traerlo a mi memoria.

Tengo muchas expectativas puestas en el 2009.
Ojalá se cumplan una buena parte de ellas.
Brindo con Ustedes, mis queridos amigos y visitantes, para que en este Año Nuevo se hagan realidad unos cuantos deseos.

Por Ustedes, por sus familias, por sus historias, por sus anhelos, por sus cuerpos y sus mentes.

Para que seamos felices, plenos y dichosos. Salud!!!


*En la foto me pueden ver detrás del globo que prendimos para Nochebuena y se elevó y se elevó y se elevó hasta que lo perdí de vista.
Me contaron que lo vieron en Marte... qué loco ¿no?



sábado, 27 de diciembre de 2008

Participé en "Minificciones"

Estoy muy contentita porque por algún error de los editores de Minificciones fui preseleccionada en el concurso de diciembre.

Para los que no conocen el sitio, les resumo de qué se trata.
Los editores publican una imagen que sirve de disparador para que los participantes escriban un relato que tenga un máximo de 250 palabras.
Listo, eso.
Es un sitio muy recomendable, lástima que lo conocí hace poco.
Para que sepan de qué hablo, les copio la imagen de este mes y el texto que escribí.
Ojalá les guste.


NOCHE BUENA

Sacudió la cabeza mientras intentaba recuperarse del golpe y espantar el espejismo.

Aquella ventana con las cortinas corridas era la culpable del terrible porrazo y no la cáscara de banana, como todos creyeron.

No pudo evitar quedarse espiando a esa hermosa mujer desnuda, recostada en el sillón, con la mirada perdida y una copa de tinto bamboleando en su mano.
Hipnótica belleza de cabello castaño, piernas largas y tristeza infinita.

Esa fue la primera y única vez que Papá Noel pidió un regalo para Navidad.




martes, 16 de diciembre de 2008

Telepatía



Estaban todos en esa fiesta. No faltaba nadie. Gente al paso, conocidos de siempre, amigos y colados, amigos de conocidos. Estaba tu mujer, dando vueltas, boba como siempre y mi chico, desinteresado y ajeno, también como siempre.
Teníamos que buscar un espacio para nuestro encuentro. Sólo una mirada de las tuyas bastó para que te siguiera, hipnotizada, hasta donde quisieras llevarme.
No fueron necesarias las palabras. Entre nosotros, ya no son necesarias las palabras. Tantas tardes compartidas, tantos cafés de por medio, tantos mensajes, tantas risas.
A veces, por suerte, las palabras sobran.
Apenas cerré la puerta de esa habitación, me arrastraste hacia vos. Nos besamos desesperados, sin prisa y sin pausa, como si la vida fuera eso, sólo eso.
Sigo muriendo de amor cuando con una mano me acariciás el cuello como asegurando que aun soy tuya y con la otra me tomás por la cintura. Sigo amando que me beses como comiéndome, saboreándome, mordiéndome despacio, muy despacio el labio inferior de mi boca que no para de desearte.
A veces, por suerte, las palabras sobran.
Y así, apoyás todo tu cuerpo sobre el mío. Tu mano sube por mi entrepierna buscando mi sexo cálido y húmedo. Entonces nos caemos de a poco, pidiéndole permiso al alma, mientras nos sacamos torpemente lo que hace falta para poder hacer el amor, un rápido amor, sobre la alfombra que nos sirve de cama.
Y afuera el mundo sigue girando, las voces sonando, las risas fluyendo. Y adentro, el único sonido que escuchamos es el de nuestros corazones agitados, desesperados, pidiendo permiso para gritar.
A veces, por suerte, las palabras sobran. Sólo a veces.


miércoles, 10 de diciembre de 2008

Te invito a mi fiestita!!!!



Queridos amigos, hoy este blog cumple un año!!!!!!

Recuerdo que cuando lo empecé no tenía ni idea de lo que iba a escribir.
Tampoco pensé que duraría un año.
Como todo en mi vida, las cosas se dieron naturalmente.
Fue tomando color de a poco y creciendo solito. Y un día me dí cuenta que me gustaba escribir en él, pero mucho más me gustaba relacionarme con mis visitantes.
De pronto, me sorprendí contestándole a gente que no conocía, riéndome con ellos, esperando sus respuestas, sus aprobaciones y sus visitas.

Hace mucho que escribo.
Algunas historias se fueron acumulando en documentos de Word y allí durmieron bastante tiempo. A otras las vomito compulsivamente. Me siento en la compu sin la mínima idea de lo que escribiré y en diez minutos está terminado el posteo.
Y aunque no lo crean, el blog terminó de definir mi vocación.

No puedo dejar de nombrar a algunos de los que me visitan y dejan sus comentarios.
Son increíbles. Sin Ustedes este blog casi que no tendría sentido. Son ocurrentes, simpáticos, cultos, bien dispuestos... buena gente.
Y como han dicho por allí, el intercambio que se da en los comentarios es una de los ingredientes más sabrosos.
Con muchos tengo una relación virtual muy cercana, sé sus nombres, conozco sus historias personales, charlamos casi a diario.
A otros pocos los conozco personalmente. Y es un placer haberlos encontrado, en serio.

Están los de siempre, los del principio, Damián (casi el artífice), mis fieles Doc, Fantasma, Migoz, Howard y Rastel, las divinas Stella, Graciela y Sophie y mi querido Mangosta.
Gente fabulosa que llegó luego y se acomodó como a mí me gusta, mi partenaire Mensajero (gracias, sos increíble, aún no creo que nunca te hayas enojado con las cosas que te he dicho), Juliana y su pluma, Waitman con su sagacidad y sus excelentes comentarios, Estrella con su luz, Mentolado y su transparencia, Claude y su parquedad (en el fondo me querés, lo sé), JOP y su sensibilidad, Cecy y su dulzura, Gemma y su sinceridad a flor de piel, OliverX y sus ideales, Calavera y esa capacidad de decir lo justo, José Soriano y su intelecto que tan bien me hace, Mi Nombre y su espíritu tan férreo, Mariscal y su gentileza, Christian y sus paseos fugaces, Pablo y su poesía... y a los intermitentes o más nuevitos como Librepensador, Hernán, Ely, MQDLV, Alias Dadá, CAS, F. Guerra, Bitter, Leo, Cecilia, Naimad, Kolo, Iluso, Volumen de juego, Silvano, Estefanía, Berenizz, Vinka, Chini, Cameron, Morena, Verde Manzana, Peile, Roky...

Es obvio que me estoy olvidando de muchos. No se me ofendan, por favor.
Atrás quedaron algunos tragos amargos y ciertas anónimas que no me quieren ni un poco.

Sentirme leída es muy bueno y movilizar a alguien con un relato es a lo que más puede aspirar mi personita con este blog.


Gracias a todos por tomarse el trabajo de estar y dejar su huella.
Ojalá que podamos seguir jugando un buen rato más.
Salud!!


lunes, 8 de diciembre de 2008

Primer amor


Roberto González tenía la sabiduría que te da la calle.
Nos conocimos de casualidad, cuando yo era muy niñita, como si nos hubiésemos buscado.
Una tarde calurosa de febrero, huyendo de ciertos pequeños vándalos que querían mojarme con bombitas de carnaval, me metí en un terreno semi baldío. Cuando los chicos entraron a buscarme para culminar la faena, salió González de la nada, ladrando como poseído, defendiéndome con uñas y dientes.
Y allí me enamoré. A partir de ese momento se convirtió en mi perro.
Lo alimentaba, lo acariciaba, jugábamos y hasta le puse un collar azul que le quedaba precioso.
Cuando quería verlo, sólo debía chiflar y ahí aparecía González, moviendo la cola y escoltándome hasta donde yo quisiera ir.
Tenerlo era como una especie de enfrentamiento inocente y primario con mi padre, que además de no estar de acuerdo que alimente, cuide y acaricie a un perro callejero y pulgoso, no entendía que haya quebrado las reglas de la denominación perruna.

- Los perros deben tener un nombre de dos sílabas. Coqui, Negro, Blanqui, Tobi…
- ¿Para qué?
- Para que no pierdas tiempo llamándolos. Además, el Gallego de la otra cuadra dice que te estás burlando de él cada vez que llamás a tu perro.
- Papá, lo que pasa es que González no responde a otro nombre. Es lo mismo que a mi me llames Juanita. Probá, vas a ver como no te respondo.
- Bueno, cuando el perro te muerda, no vengas llorando.
- Roberto González jamás me mordería, papá. El me ama.

Y con esa sentencia, dábamos por terminada la discusión.


Un día, luego de unos años, González se enamoró.
Parece que se fue atrás de una perra muy linda.
Lo esperé durante muchos días, chiflando para que vuelva. Pero no.

- ¿Viste? Te lo dije. Los perros machos y callejeros son como los hombres- me avisó mi papá, con buenas intenciones y sin sutilezas.


Se podrán imaginar que no aprendí la lección.


viernes, 5 de diciembre de 2008

El versito de los viernes (VI)


El cálculo es inevitable.
Sólo camino si el suelo es seguro,
el aire fresco y tus ojos sinceros.
No supongas mis límites,
ni mis sentires, ni mi ganas,
ni mis dichos, ni mis silencios,
ni mis miradas, ni mis gestos,
ni mis sonrisas, ni mis enojos,
ni mi compostura (mucho menos mi irreverencia).

Tengo cadenas invisibles
que no se perciben ni se escuchan.


Y la certeza de que nunca te animarías a mi lado salvaje.


lunes, 1 de diciembre de 2008

Autoexamen de conciencia


Me puse a pensar que el principio de la hecatombe, el inicio del ocaso, el aviso del inminente derrumbe de una relación, es la rutina sexual.

Si de lunes a viernes caen desmayados al lado de su pareja y si los sábados después de la pizza y un par de cervezas o un vinito, tienen sexo aburrido y seguro, con luz apagada y tiempos breves… acéptenlo: el fin está cerca.
Y no me refiero a que se están por separar o estén por dejarse de querer. No.

Hablo del fin de la vida sexual plena, placentera, aventurera y orgásmica.

Señores, ¿Ya no llegan a casa con ganas de desvestir a su chica para hacerle el amor durante una hora? ¿No van en el colectivo o manejando el auto hacia el trabajo y se sorprenden recordando con placer el último encuentro? ¿Ya no se excitan cuando su mujer al pasar les roza con un dedo la espalda?
Ah, claro, perdón, ya no les rozan con un dedo la espalda…

Señoras, ¿se mantienen bellas y depiladas para sorprender de un asalto a su amado o para verse lindas a ustedes mismas? ¿Cuándo hace que no tienen un orgasmo que les deje las piernas temblando y los pezones sensibles? ¿Cuándo fue el último sueño erótico con su pareja?
Ah, claro… sus hombres ya no les despiertan los más bajos instintos…


A todos, ¿En quién pensaron la última vez que se masturbaron?
Dejen, mejor no contesten.


El día que en el sábado de mi agenda esté grabada la frase “Hoy hay pizza. Me toca, pero con la luz apagada”, me separo.

Me resisto a sobrevivir así.


Lo juro.


viernes, 28 de noviembre de 2008

El versito de los viernes V


No tendría nada de malo que nos queramos un poco.

Que nos animemos a unas sumas, me llevo dos te agrego cuatro,

Que nos miremos sin permisos,

Que perforemos el aura,

Que nos atragantemos de mimos,

Que nos desvistamos a tirones,

Que nos insultemos calientes

(nunca digas de esa lava no he de beber…)


Si te tuviera cerca te haría muchas cosas.


Insisto (y disculpá mi tozudez),

No tendría nada de malo que nos queramos un poco.


domingo, 23 de noviembre de 2008

Suposiciones


Casi la tomó por sorpresa.
Fue apenas un instante, pero suficiente como para percatarse de sus sentimientos.
Hacía rato que se conocían. Compañeros en el secundario, siguieron cruzándose por los pasillos de la facultad y luego se hicieron amigos.
Ella conocía a su familia, a sus hermanos, a todas las novias que tuvo, los gustos de helado que más le gustaban y su fanatismo por Huracán.
Sabía que si se rascaba el ojo era porque tenía sueño y que nunca iba a gritar aunque estuviera enojado, que le gustaban más los gatos que los perros, que odiaba afeitarse, que prefería el frío al calor, que moría por las milanesas caseras de su mamá, que cuando estaba feliz silbaba bajito, que amaba sus ratos de soledad y que manejaba rápido pero cuando iba con ella lo hacía más despacio.
Adivinaba si una película le iba a gustar, que las remeras azules le quedaban mejores que las verdes, que su bebida favorita era el vino tinto y que cuando una mujer le gustaba era seco y esquivo.
Conocía de memoria su música favorita, los remolinos que se le formaban en el cabello, su amor incondicional por esas zapatillas rojas destruidas, los hoyos que se delineaban en sus mejillas al reírse, el origen de cada cicatriz de su cuerpo, los libros que le iban a gustar.


Pero no sabía cómo besaba, ni cómo hacía el amor.

No conocía las palabras que le decía a una mujer en la cama, ni sus gustos y preferencias a la hora de los besos. No sabía si prefería un mordisco en la nuca o que le laman los lóbulos, ni si le gustaba que le chupen los dedos, uno por uno, hasta el fondo de la boca.

No… no sabía.

Por esa razón fue que se sorprendió mirándolo embobada mientras elegía ese libro en la librería.

Y no pudo sacarle la vista de encima, hipnotizada.


Y una puntada en el estómago le indicó que ya era hora de conocer como la tocarían esas manos grandes.


Y tuvo la certeza de que lo iba a amar.


miércoles, 19 de noviembre de 2008

El caracol


Últimamente, me sorprendo pensando en cosas realmente extrañas.

También me pasa que me maravillo con idioteces.

Es preocupante porque no llego a definir si tengo la cabeza quemada o estoy volviendo a ser la niña que se sorprendía por cualquier nimiedad.

Antes de ayer, estaba mirando un caracol que paseaba por el jardín.

Lentamente, iba dejando su hilo de baba mientras cargaba su pesada casita.


He aquí mi cuestionamiento: de pequeña me enseñaron que el caracol es uno de los pocos animales con casa propia a cuestas…


… hoy creo que es un homeless, vagabundeando de jardín en jardín con sus bártulos.


Pobre bicho.


lunes, 17 de noviembre de 2008

Absolutismos


- Nunca le creas a un hombre casado. Jamás.

Dicho esto, Andrea se acomodó mejor en la silla, como para darle más formalidad a las palabras que salían de su boca, vocablos que fluían como si fuesen parte del un tratado de física cuántica.

- ¿¿Por??

- Porque miente. Siempre, absoluta, indefectible e irremediablemente, miente. ¿Y sabés por qué? Porque te quiere coger. Y nada más. Sin compromiso. Toco y me voy. Te mete el verso que está en medio de una potencial separación, que su mujer lo tortura, que es una bruja maléfica, que es un corderito a punto de ser degollado, que se siente solo, indefenso y que el sexo lo practica en cuentagotas. Acordate Flor, un hombre casado no se va a enamorar de vos, aunque te diga lo contrario, nunca va a dejar a su mujer y a sus hijos por vos. Y cuando un sábado a la noche te sientas sola como un perro, él no va a estar para consolarte. Y ni siquiera lo vas a poder llamar para contarle lo mal que te sentís, porque él solo te atiende de lunes a viernes de 9 a 18. No seas boluda. Ni se te ocurra enamorarte, ¿entendiste? Ni-se-te-o-cu-rra.

- ¿Vos decís? ¿Todos mienten?

- Sí. Te lo aseguro.


A pesar de la exacerbada recomendación de su amiga, Flor se enamoró de Osvaldo.
No lo pudo evitar. Él era encantador, jovial, simpático y buen tipo.
Amó sus manos y sus dichos, su mirada y su sexo.
Amó sus mentiras y sus desplantes de la misma manera que amó sus besos y sus guiños.

De todos modos y a pesar de, Flor no puede evitar que esas lágrimas salen apenas ese vino que toma sola este sábado precioso de luna llena y feroz.


miércoles, 12 de noviembre de 2008

Extracto de "Encuentros"


“… Suele ser difícil, trabado y un poco complicado el primer encuentro. Claro, aún no se manejan tiempos, no se conocen olores, ni se decodifican miradas y gestos. Sólo existen los supuestos. Y la intuición.
A pesar de que se gustaban muchísimo (o justamente por eso), ellos estaban nerviosos.
Para descomprimir un poco, él tomó la iniciativa.
Luego de unos besos sabrosos, se sentó en el borde de la cama, la tomó de la mano y la atrajo hacia donde estaba.
Ella se quedó parada, inmóvil, esperándolo. Él estiró el brazo y deslizó su mano por debajo de la pollera. Con la palma abierta y segura, subió lentamente por la entrepierna hasta llegar al borde de la bombacha.
Con el dedo pulgar corrió la ropa interior y se excitó de sobremanera al darse cuenta que su chica estaba totalmente depilada.
Se abrió paso entre esos labios gratamente resbalosos
e hinchados y los recorrió en toda su extensión con su pulgar.
Una y otra vez. Lento y suave los recorrió.
Ella temblada de deseo nervioso, mojando cada vez más el dedo glorioso y bienvenido.
Y el corazón de él galopaba alocado.
Con ambas manos esta vez, le bajó la bombacha y la atrajo hacia su boca.
Ella sólo atinó a levantarse la pollera.
Ya estaba entregada…”


lunes, 10 de noviembre de 2008

Preámbulo del desamor


El desamor es un sentimiento extraño… es una mezcla de tristeza, incertidumbre, pesadumbre, frustración e indiferencia.

Ay la indiferencia!!!! Me duele en las entrañas tu violenta indiferencia.

Porque implica la nada misma. La invisibilidad.

Hola, soy invisible. Claro, no te diste cuenta porque ni siquiera sabías que estaba. Y claro, tampoco te diste cuenta que hace días que te espero, que te miro en silencio esperando un guiño o que finjo mi interés por tus cosas. Que quiero salvar con capa y espada lo nuestro, que no me resigno a perderlo, de la misma manera que no soporto cuando la última brasa de carbón deja de respirar. Y se apaga. Y ya no sirve porque las cenizas no las quiere nadie.

Porque la etapa final del desamor es cuando a uno mismo tampoco le interesa el desamor que provoca en el otro.

Lo mejor en esos casos es retirarse en forma pacífica y adulta. Nos quisimos, nos amamos, nos comimos, nos digerimos, nos … bueno.

¿Y ahora? Ya no nos soportamos. Ya no nos calentamos, no nos miramos, no nos celamos, no nos extrañamos. Ya no.

Y un vacío ácido que no es dolor pero duele, se apodera de nosotros y nos preguntamos ¿Dónde quedó el amor? ¿Por qué ya no puedo rescatarlo? ¿Y si levantás esa alfombra y buscamos de nuevo? Ah… ya buscamos demasiado. Es verdad.

¿Y si empezamos a mirarnos, a escucharnos, a interesarnos, a seducirnos?

¿Y si hacemos un esfuerzo por recordar lo que nos enamoró uno del otro? Ah, claro, estamos cansados.


Sí, tenés razón. Mejor me voy a dormir, que encima me duele el alma.


lunes, 3 de noviembre de 2008

En el pedestal


Nunca pensó que recibir un “SI” como respuesta a sus pensamientos convertidos en preguntas iba a trastornarlo tanto.
Nunca supuso que el espejismo de un amor lo iba a maltratar de esa manera.
¿Cómo fue que llegó a enamorarse de Natalia? ¿Cuándo le permitió al corazón ceder terreno sobre sus pensamientos? ¿En qué momento bajó la guardia? ¿Cuándo lo abordaron por sorpresa?

Repasando episodios, no supo darse cuenta. Solo sabía que desde el primer “Hola” esa mujer acaparó su atención. Era linda, divertida e interesante. Además podía pasar horas hablando con ella. Siempre aseguró que esa era una combinación peligrosa para las defensas del hombre pero, concientemente, se dejó invadir.
No era ajeno a su culpa y a sus ganas.
Es que era imposible no engancharse con Natalia y no extrañarla… Qué raro eso de extrañar… es como una dependencia no elegida.

Tenían tremendas jornadas de sexo y charlas y risas y sexo y mimos y sexo y besos. Increíbles besos. Esos besos que crean adicción. Sí, estaba seguro que esos besos lentos, mojados, curiosos, caníbales, besos de boca grande y generosa eran un vicio. No podía ser de otra forma. No, no podía ser.
Porque además de todas esas virtudes, Natalia sabía decir lo que a él le gustaba escuchar en el momento que él lo quería escuchar. Y sabía callarse. Y sabía guardar silencio durante largos minutos, y mirarlo, y escucharlo. No lo interrumpía. ¡Cómo le gustaba que no lo interrumpiera cuando hablaba!. Entendía perfectamente el concepto del diálogo, algo tan vapuleado hoy en día.
Si, decididamente le gustaban esas charlas…
Y sin embrago, ella le contestó que “SI”. Qué golpe tan certero al corazón de un hombre enamorado.
Pero acordemos que sólo a él se le podían ocurrir esas preguntas luego de una tarde de besos y risas.

- Nati, ¿por qué estás conmigo?
- Porque me cogés muy bien.
- Sólo por eso?
- Sí.


Me contaron, me dijeron, escuché por allí que esos puñetazos son muy difíciles de cicatrizar.


martes, 28 de octubre de 2008

Decepciones


La chica del mostrador tenía sonrisa de boca grande y dientes parejos.
Y cuando él le hablaba su corazón se ponía a galopar.
Él esperaba ansioso que se le acaben los artículos de perfumería para ir hasta su chica de mirada generosa.
A ella le gustaban los principios de mes porque sabía que él vendría a visitarla con la excusa de la compra. Que llegaría con su traje prolijo y con el primer botón de la camisa desabrochado, que sacaría número y esperaría su turno.
Se esmeraba especialmente para doblegar el azar e intentar que ninguna compañera atienda a su cliente.
Él, estrujando el pequeño papel entre sus dedos, había dejado pasar más de una vez a alguna persona, mientras simulaba hablar por celular esperando que la chica del mostrador llame de nuevo.

- Buenos días. ¿Qué necesitaba?
(Hola mi amor. Te estaba esperando)
- Un desodorante Rexona Hombre
(Qué hermosa que estás hoy. Radiante)
- ¿Algo más?
(Ojalá supieras que me arreglé para vos)
- Si, una espuma de afeitar Palmolive y la loción after shave…
(Como te comería a besos. Tenés una boca increíble)
- ¿Esta marca está bien?
(Por favor, mordeme los labios, mirame a los ojos, besame el cuello)
- Si, perfecto.
(¿Sabés que anoche me masturbé pensando en vos?)
- ¿Alguna otra cosa?
(Me encanta imaginar tus manos grandes en mi espalda y tu respiración cerca de mi oído)
- No, gracias.
(¿Me dirías que sí?)
- ¿Abona en efectivo o en tarjeta?
(¿Cuándo me vas a invitar a salir?)
- Tarjeta de débito
(Mañana vengo a buscarte. Hasta luego Preciosa)
- Ok, muchas gracias, en caja le cobran.
(Mañana te espero. Chau Papito)


Un día, él se animó y ella le dijo que sí.
Salieron a cenar y terminaron enredados en la cama.
La pasaron genial durante bastante tiempo. Tuvieron muy buen sexo y se divirtieron.
Luego se aburrieron y no se vieron nunca más.
Él comenzó a comprar los productos de perfumería en el supermercado, siguió pagando con tarjeta de débito y se casó con una chica gorda que luego lo abandonó.
Ella dejó de trabajar en la farmacia y se enamoró de un hombre que le llevaba quince años y que nunca la amó como ella hubiera querido.


¿Por qué me miran así? Es lo que hay. No es mi culpa que la mayoría de la gente se sienta incompleta.
Mañana les escribo una historia con final feliz.


viernes, 24 de octubre de 2008

El versito de los viernes (IV)


Encontrame en el tiempo.

Descubrime de a jirones

(pero explorame profundo).


Seducime y conquistame.

Sembrame que soy fértil.

Cultivame que soy promesa.

Explotame y sé egoísta.

Cosechame una vez más.


Porque hoy (solamente hoy), me dejo.




martes, 21 de octubre de 2008

Descarado


Cómo la calentaba que la mire así. No era especialmente apuesto, ni especialmente inteligente, ni especialmente gracioso, pero la mataba que la mire así.
Era única esa mirada. Era casi un rito esa mirada.
Al principio le pareció un poco fuera de lugar que cuando los presentaron él la haya mirado de esa manera. Le clavó la vista, le dio la mano y después la acercó suave pero firmemente hacia él y la saludó con un beso en la mejilla.
A ella le había gustado ese pequeño gesto de posesión. Tanto que hasta se ruborizó un poco. Tanto, que hasta le dio vergüenza llegar a oler su perfume. Tanto, que hasta imaginó esa mano fuerte y segura acariciando su cuello.
Ella lo veía una o dos veces por semana, por una cuestión de trabajo. Y cada vez era lo mismo. Después del saludo formal, se iba a sentar a su escritorio y la miraba. Descaradamente la miraba. Imperturbable, le clavaba la mirada y ella podía sentir cómo la iba desnudando lento, con la cadencia de los buenos amantes, con el ritmo que a ella le gustaba.
Se vestía para él porque sabía que la iba a desvestir. Estaba en todos los detalles porque le gustaba imaginar que él estaba controlando todo.
- “Comeme con la mirada. Haceme lo que quieras”- pensaba, mientras conversaba desinteresadamente en la oficina con un cliente y controlaba de reojo que él estuviera mirándola desde su escritorio.
Más allá del hombre, podía sentir cómo esos ojos la deseaban y la poseían descarados, sin permiso, irrespetuosos, infames, seguros, orgullosos, hermosos, sin un dejo de educación pero sin perder la compostura.

Nunca pasó nada especial entre ellos. Nunca la tuvo más que con sus ojos.
Después de todo, lo que más le atrae a ella de un hombre, siempre, es la forma en que la mira.


Ahora, ¿se animan a sincerarse y decirme qué los atrae de la persona que les gusta? Además de lo obvio, quiero saber qué es eso que los captura, que los deja pensando, que los hace ir más allá, que los hechiza.

viernes, 17 de octubre de 2008

Desolación




Un día, siendo muy niña, encontré un nido con dos pichones en las ramas de un viejo árbol del fondo de mi casa.
Siempre tuve facilidad para trepar hasta donde quisiera a la par de mis primos varones, así que me subí al árbol y alcancé el nido sin problemas.
Como se me había metido en la cabeza que los pichones estaban huérfanos, me había impuesto como obligación alimentarlos y cuidarlos.
Todos los días, trepaba hasta el nido y les alcanzaba algún bichito que encontraba en el agua de la pileta y migajas de galletitas de mi desayuno.
También solía sentarme a la sombra en mi pequeña silla y vigilar, cual guardiana celosa, que no decidieran irse a volar por allí, sin mi permiso.

Una mañana, luego de una tormenta terrible de lluvia, viento y granizo, fui corriendo hasta el árbol para saludar a mis pichones y encontré a ambos en el piso, muertos. El nido estaba vacío y semi destruido.
Jamás imaginé que una tormenta podría matarlos. En mi cabecita la idea de la muerte no había existido ni dos segundos.
Me quedé mirándolos un rato, tratando de entender y luego corrí en busca de mi mamá.


Todavía, aún, me cuesta aceptar el fin de mi inocencia.


lunes, 13 de octubre de 2008


"...Desparramada por las calles de Buenos Aires..."
Pensar que allí se encuentra el ser que nos desarma e inquieta: desparramado en algún lugar de esas callecitas de por allí.
Ustedes ya lo encontraron?? No?? Y qué esperan para el abordaje?

jueves, 9 de octubre de 2008

Escritor invitado: Waitman

Como sabrán, este es un blog donde la gente con buena onda es bienvenida.

Además, está muy bueno el feed back que se arma entre los comentaristas.
A mi estimado Waitman se le ocurrió escribir una segunda parte para el relato "Ella y él".
No sólo me pareció una idea genial, sino que además me alegra que deje un texto en mi casita virtual.
Para festejar que comienza un fin de semana largo y hecha esta pequeña introducción, les dejo el texto de Waitman para que lo disfruten.
Como siempre, muchos besitos y abrazos. Elijan lo que les plazca.
Chuiquis!!


"Ella y él" (Parte II)
Se apoyó contra la pared y comenzó a esbozar los primeros trazos sobre el papel para dejar plasmada esa imagen que, después de todo, jamás olvidaría.

Ella observaba ese cuerpo desnudo y erecto que se mantenía lejos de sus manos atadas.
Deseosa y tierna, sólo se dedicó a transpirar la trágica lentitud de su amante. Podía estar desnuda y atada, sin embargo se mantenía tan firme y erguida como siempre. Y eso la hacía aún más sensual.

El lápiz plasmó sobre la hoja la figura, pero fue en el cuerpo de ella donde realizó su mejor dibujo.
Se acercó a ese cuerpo inmóvil y húmedo para recorrerlo suavemente con la afilada punta del lápiz. Rozó su cuello, bajó por el centro de sus pechos remarcando las hinchadas areolas y, finalmente, se entrelazó en la maraña de su pubis.
Ella retorció las muñecas tras su espalda. Gimió y dejó caer la cabeza hacia atrás.
Él soltó el lápiz, la desató, levantó en andas a su inspiradora y comenzó a dibujar sobre ella una boca abierta, gotas de sudor, un par de manos que la sostenían por el culo y un par de pies que se entrelazaban en la espalda del mismo dibujante, cuyo último trazo final y desgarrador, fue el de un par de sonrisas exhaustas.

lunes, 6 de octubre de 2008

Ella y él


El encuentro era obvio y pautado de antemano.
Habían salido a cenar y se gustaron. Compartieron el gusto por las pastas y por el Cabernet Sauvignon.
Luego de esa salida, hubo mails, chats y llamadas estratégicas.
Tenían piel, de eso estaban seguros.
A ella le gustaba el olor de él. Apenas perceptible, era exquisito.
A él le gustaba la mirada de ella. Y el culo. Qué buen culo tenía ella.
Se encontraron para cenar, pero saltearon la comida y terminaron en un hotel.
Y si… ellos sabían de antemano que tenían piel.
No fue necesario más que un terrible beso para bajar la bandera de largada.
En menos de dos minutos estaban desnudos y devorándose.
Como si se conocieran de toda la vida… "es raro eso", pensaba ella, “siento que lo conozco de siempre”. "Qué increíble", pensaba él, “siento que esta mujer me puede”.

Al verla desnuda, comprobó que era hermosa. Sentía que era demasiado hembra para dejarla suelta, así nomás. Sintió miedo en las entrañas. Sintió que se le revolvían el corazón y la cabeza.
Ella, se estremeció con una extraña sensación de bienestar. Se sintió desarmada y vencida. Ese hombre la volvía un instrumento.
Él, hechizado, la llevó hasta una silla. La sentó. Con movimientos lentos, tomó una de las medias que ella se había sacado. Le ató suavemente las manos por detrás.
Ella, embrujada, se dejó hacer, sin resistencia.
Él se alejó. La miró. Era exquisita. Desnuda, sentada en una silla, jugando a ser atada, con esas largas piernas entreabiertas.
Y antes de sucumbir de amor, tomó un lápiz y la dibujó.
En blanco y negro la dibujó.


Claro que luego, la amó en colores, como se imaginarán.

viernes, 3 de octubre de 2008

Soy tuya

Es viernes.
Por fin, o no. No sé.
Les dejo un video, "Soy tuyo" de Andrés Calamaro.
Y la letra, que es lo que más me interesa dejarles.
Ya sé, es muy simple. Pero por alguna razón, me puede. Me debilita. Me hace bajar la guardia.
(Me gustaría que alguna vez me escribas algo así, sencillo, tonto y básico y me lo dediques. Sí, vos. No mires para atrás, que a vos te hablo).
Bueno, eso. Una bobada.

Les dejo besos y el deseo de un muy buen fin de semana lleno de mimitos.


Me gusta desarmarme arriba tuyo,
me gusta demasiado ensuciarte,
besar tu flor inmediata, besarte atrás y adelante.

Me gusta tanto que me encante,
que quiero hasta la locura
desarmarme en el vaivén de tu cintura
y remar sobre tu espalda y naufragarte.

Soy tuyo, con mi mayor convicción,
soy tuyo con toda la fuerza de mi corazón,
que es tuyo, y como cada pensamiento mío,
es tuyo , soy tuyo.


martes, 30 de septiembre de 2008

...se hace camino al andar


La característica evocadora de la música es fascinante.

Chateando con un amigo, comenzamos a nombrar entre risas nostálgicas ciertos temas de Nino Bravo y José Luis Perales.
Inmediatamente después, despegué de la realidad y recordé el Winco que había en el living de la casa de mis padres.
Testigo de mis primeras actuaciones familiares, lo imagino cubierto por una especie de plástico amarillento y duro. El “tapatocadiscos”, le decíamos.
Me parece que puedo escuchar el gastado LP de Serrat homenajeando a Machado, en esas tardes de verano y calor y verme, sentada en el piso, canturreando frases que no llegaba a entender.
O sentir la compañía de mi mamá, leyendo distendida cerca mio y respondiendo consternada ante mi súbita pregunta: ¿Má, qué significa “se fundirán nuestros cuerpos diciendo te quiero”?

Y la increíble Raffaella Carrá??? Debo reconocer que mi precoz deseo de ser actriz y cantante (vocación que mi padre se encargó de tirar por la borda y luego la Universidad y demás situaciones terminaron de desterrar) provino de aquella rubia platinada revoleando la cabellera.
Recuerdo a los hastiados invitados de las cenas amistosas, soportando mi histriónica actuación. Uno de ellos era el iluminador encargado de sostener la linterna que haría de foco. Yo apagaba las luces, ponía el disco y salía de atrás de algún mueble, micrófono imaginario en mano y tacones prestados.
El Winco fue testigo de peleas fraternales, de bailes familiares y de prácticas coreográficas…

Me pregunto qué habrá sido de ese tocadiscos.
Me pregunto qué habrá sido de él.
Me conviene más eso que preguntarme qué habrá sido de la niña fantasiosa e intrépida que quería ser actriz.

viernes, 26 de septiembre de 2008

El vestido (última parte)




Atravesó el lobby del hotel pensando en D.

Se sentía muy seductora en su vestido. Lo importante es la actitud, le habían dicho alguna vez.
No demoraron en ofrecerle una copa de champagne.

- Vino tinto para nosotros, se adelantó su marido.
- Gracias, hoy prefiero champagne.
- No te emborraches, por favor, no me hagas pasar vergüenza.
- ¿Me vas a dejar sola entre tantos lobos?
- Si se acercan demasiado, gritá como una pastorcita.

Y se perdió entre la gente.

Ella bebió y repartió risas y sonrisas. Mientras, miraba el reloj cada dos minutos.
Todavía no había decidido qué hacer. ¿Se quedaba en la fiesta haciendo caso omiso a la invitación de D. o iba a verlo y lo enfrentaba?
Lo mejor sería subir a la habitación y ponerle fin a esta relación que aún no había empezado. Sí, eso era lo correcto.
Ella era una mujer bastante feliz, no necesitaba un amante.
Aunque D. la despabilaba tanto…
Comprobó que su marido estaba demasiado interesado en su mundillo y rodeado de pusilánimes aburridos.
Se separó del grupo, se escabulló por el pasillo y fue hasta los ascensores.

Habitación 314. Respiró profundo. Tocó la puerta.

- Está abierto. Pasá.

Apenas escuchó la voz de D. se le aflojaron las piernas y se le doblegó la voluntad.

- ¡Mejor de lo que imaginaba!
- Gracias.

- Levantate el vestido. Mostrame las piernas… más… un poco más.

Ella subió el vestido hasta la mitad de sus muslos.
Tenía ganas de demostrarle a ese hombre todo lo que lo deseaba. Pero no iba a jugar el mismo papel que solía interpretar. Quería algo más.
Con los sentidos erizados, se acercó a D. le tomó la mano, la dirigió por debajo del vestido y no tuvo pudor en mojarle los dedos entre sus piernas.

Lo empujó sobre la cama y se sentó sobre su rostro. Se sintió libre de mirarse al espejo y se supo bien puta cuando luchó con su dócil víctima empujándose con más fuerza contra la cara del infiel que trataba de liberarse para respirar y volver a someterse.

Luego de festejar con todo el cuerpo un prolongado orgasmo, se levantó y se acomodó la falda.

- Me tengo que ir… me esperan en la fiesta.


No podía darse el gusto de arrugar ese bello vestido violeta.

martes, 23 de septiembre de 2008

El vestido (Primera parte)



Entró ansiosa a la casa con una bolsa en su mano derecha y subió a su cuarto.
Se desnudó rápidamente. Quedó frente al espejo apenas cubierta por la tanga diminuta.
Levantó los brazos, cerró los ojos y se puso el vestido con cuidado.

“Fue hecho para vos”, y recordó a D.
Acomodó sus pechos, se miró y comprobó que eran vanos los esfuerzos por lograr ocultarlos cuando se inclinaba.
Giró y le encantó el modo en que la tela copiaba su silueta ofreciendo el espectáculo de su espalda bronceada.
Se miró la cola y confirmó que se notaba la ropa interior. Entonces la aflojó con sus pulgares y la bajó moviendo las caderas.
Cuando la pequeña bombacha le rozó los tobillos no pudo evitar apretar sus muslos para potenciar la excitación que la invadía.

“Sos potencialmente infiel”, volvió a recordar que le dijo D.

- Qué lindo vestido….
- Ay! Me asustaste, ¿cuándo llegaste?

- Antes que vos… ¿Te falta mucho? Tengo hambre.

La irritaba la indiferencia de su pareja, pero disfrutaba que se sintiera su dueño, que se otorgara el derecho de poseer su cuerpo cuando le viniera en gana.
Le gustaba atrevérsele a ese hombre y rendirse en la cama, sometida por su deseo. Y la tranquilizaba el dormir acurrucada, con una mezcla de tristeza y serenidad. Creerse así, la liberaba de la culpa que le provocaba disfrutar tanto cuando él la trataba de esa manera. Era parte del juego que le gustaba jugar…

Y además, ese vestido le quedaba tan lindo. Y cada vez que lo miraba, se le estrangulaba el estómago porque no podía evitar recordar la última invitación de D:
“Habitación 314, en la fiesta de recepción en el Alvear, a las 2.30. Te voy a esperar media hora.”

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Ya que andamos a los besos...


A ver...
Parece que a todos nos encantan los besos (bueno, a casi todos)
Los comentarios de Sophie y de Stellita, me hicieron pensar que sería bueno que contemos cómo fueron nuestros primeros besos.
Si el primero es muy aburrido, pueden contar como fue ese beso que los estremeció, que robaron, tramposo, travieso, terrible, inolvidable...
Deténganse unos segundos y pónganse a pensar en ESE beso.

Les cuento mi primer beso. Tenía casi 15 años y hacía un mes que salía con un chico muy lindo el cual nunca me había besado (no, nunca fui precoz ¿qué se creían? Lo que pasa es que después aprendí rápido).
Sigo. Estábamos muy enamorados (de la manera que se puede estar enamorado a esa edad) y éramos muy inocentes.
En la casa de una amiga, luego de mil amagues, nos besamos tímidamente. Después de ese primer beso, de romper la barrera, no podíamos dejar de besarnos.
A veces, pasábamos una, dos horas a los besos, felices y enamoradísimos...

La verdad es que fue un beso mal dado, sin experiencia, rígido y bastante aburrido pero, a pesar de eso, aún lo sigo recordando como si hubiese sido ayer.

Y Ustedes? Qué tienen para contarme????

lunes, 15 de septiembre de 2008

Pseudo tratado de besos


Muchas veces los besos suelen ser tomados a la ligera.
Sin embargo, un beso bien dado puede llegar a ser el principio de una buena historia.

Eso fue lo que le pasó a Jimena.
Había conocido a Nicolás en una noche sin luna. Luego de una charla intrascendente y poco interesante, justo cuando la chica estaba por despedirlo sin pena ni gloria, el hombre la besó.
Fue un beso increíble. Digamos que a Jimena le sorprendió la manera en que Nicolás la miró profundamente a los ojos, la tomó de una mano, la pasó por detrás de su cintura, la atrajo hacia él y la besó.
Al principio fue un beso lento, de labios secos y semicerrados. Luego, comenzó a crecer la intensidad, a medida que la boca se entreabría y esos tímidos labios se empezaban a mojar.
Una vez que la chica dejó de mostrar resistencia y se dejó llevar por sus sorpresivas ganas de seguir besando, el chico comenzó a hurgar en la boca de Jimena, buscando su lengua esquiva. Ella se dejó llevar, se acomodó mejor, tomó coraje y abrió la boca con ganas, devorándose a Nicolás que ya no necesitaba seguir insistiendo.

De a ratos dejaban de besarse, se miraban unos segundos, respiraban lento y profundo y volvían a encontrarse.
Se mordisqueaban los labios, se lamían las comisuras…
Se gustaban, se degustaban, se sentían, se olfateaban, se probaban, se maridaban, se complementaban, se devoraban, se saciaban, se bebían.
A veces, la chica lo tomaba del cuello, le levantaba la cabeza con ambos pulgares y pasaba su lengua por la garganta y por la pera de Nicolás, para clavarle apenas los dientes y luego seguir besándolo.
Y así, se comieron a besos un buen rato, cruzando fluidos, abriendo sus bocas y jugando con sus lenguas.

No… los besos no deben ser tomados a la ligera.


Creo firmemente que si un hombre no es generoso al besarme, tampoco sabrá hacerme el amor.


He dicho.

viernes, 12 de septiembre de 2008

El versito del Viernes (III)

Que tengan un lindo Fin de Semana.
El mío viene movidito... ojalá esté bueno.
Les dejo esta foto tan real, un texto que me perturba, un super abrazo y un beso.



No puedo desprenderme de vos.

Sos una adicción.
Sos mi vicio, mi pecado, mi culpa, mi goce, mi placer.
Me hechiza que me desnudes sin dejar de mirarme,
conteniéndonos,
cayendo una y otra vez en lo que tratamos de evitar.
Sos lo que no debo. Sos lo prohibido, lo que hace mal.

Soy un animal con vos.

Soy inconsciente con vos.
Mi naturaleza pensante desaparece
para que podamos estar un rato más.
Un poco más.
Un susurro más.
Una vez más.
Un beso más.

Y aquí estamos,
de nuevo en el principio.

lunes, 8 de septiembre de 2008

Belicosidades



A Soledad siempre le había molestado la gente confianzuda, esos seres que en cualquier momento ocupan el lugar que nadie les otorgó y se lo adueñan como si siempre hubiesen estado allí.
Vale aclarar que a Soledad también le molestaban los lugares llenos de gente como un colectivo desbordante, un shopping un domingo por la tarde o un restaurante demasiado concurrido y ruidoso.
A Soledad la desequilibraba todo territorio, gesto o acción que pudiera invadir su espacio personal, esa burbuja tan íntima que nos creamos a nuestro alrededor.

Una tarde lluviosa y helada, fue a recorrer locales en busca de un libro que se le había antojado leer. Fue así que se perdió en los laberintos de esa inmensa librería y se dejó llevar de pasillo en pasillo sin apuros ni parquímetros.
Tomó un libro de un autor que no conocía con un título sumamente tentador y comenzó a ojearlo, concentrada.
De pronto, el dedo índice de una mano huesuda toca la hoja de su libro, justo donde ella leía y le señala una oración.

- Excelente libro. Lo devoré en unas horas. Muy recomendable.

Soledad se asustó y se tiró instintivamente para atrás.

- No te asustes. No te voy a hacer nada.

- No, por favor, disculpame- llegó a balbucear la chica, un poco avergonzada por su acción.


Cuando levantó la vista y se repuso del enojo, se dio cuenta que su invasor podría llegar a ser el amor de su vida.
Así, bajando la guardia, cedió territorio para comenzar una charla amena e interesante, que continuó en los sillones de la librería, café de por medio.
Mientras el caballero sin armadura hablaba y gesticulaba torpemente, Soledad lo miraba, lo escuchaba y sentía que se había enamorado.
Nunca pensó que le iba a resultar tan fácil.
Ahora, la joven sólo pensaba en cómo demostrarle que quería ser conquistada, invadida, seducida, explorada… que era arcilla en sus manos, territorio virgen, que había perdido la batalla, que estaba entregada.

Por Dios!!! Impensable. Una chica como ella… nunca fue de armas tomar.

De nuevo, el Cid atrevido, invadió con un gesto exagerado el espacio de Soledad. Y ella, otra vez, instintivamente (maldito instinto) se tiró para atrás.

- No te asustes. No te voy a hacer nada.

- No, por favor, haceme.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Decime algo lindo



Hernán era un joven Licenciado en Sistemas con una vida ordenada y estable.

Se casó con su novia de la juventud, una chica sencilla, dulce y bondadosa. Tenía un hijo precioso e inquieto, que era la luz de sus ojos y un trabajo cómodo y demasiado sedante para su gusto, pero que le daba la tranquilidad de llegar bien a fin de mes. Conservaba un grupo importante de amigos que conocía desde su adolescencia y con los que salía a divertirse cada quince días…

Se consideraba un joven deportista de sueños truncos. Desde pequeño, sobresalió en el equipo de fútbol, pero por temores infundados, nunca decidió probarse en las grandes ligas. Por eso, terminó jugando con sus conocidos al Papi Fútbol y era, todavía, el mejor dentro de la cancha.

Hernán era un hombre feliz y sentía que estaba madurando. Encajaba bastante bien esa idea cuadradita en su cabeza rectangular. Era como un niño que quería ser astronauta, pero terminó siendo un gran astrónomo. Cosa que no estaba tan mal, según su perspectiva.

Pero las palabras siempre lo habían seducido, excitado, calentado. Las palabras lo podían. Y ciertas palabras dichas y escuchadas durante una sesión de sexo eran sumamente estimulantes para él. A Hernán le gustaba decir y escuchar guarangadas. Las cosas más sucias y callejeras que se puedan imaginar lo excitaban de sobremanera.
Sí… escuchar las guarradas más cerdas, lo pensable y lo impensable, las palabrotas menos protocolares hacían que su libido explote por el universo.

Pero con su esposa… no podía. Aunque no crean que no lo intentó. Una noche, le dijo, tímidamente, apenas:
-Vení perra, mi puta, la más puta. Vení vos y tus terribles tetas.

Ella lo miró y le dijo enojada:
- Qué te pasa? Tomaste algo?

Eso le sirvió de lección para no volver a intentarlo con su mujer.

Entonces comprendió que los órganos y los sentidos no guardaban una relación directa y lógica.

Una pena. Su esposa jamás entendería lo hermoso que es tener un clítoris en el oído.