lunes, 31 de diciembre de 2007

La siesta de Fin de Año


Les voy a contar un recuerdo feliz que tengo de mi infancia. Tiene que ver directamente con las fiestas de diciembre (Navidad y Año Nuevo)
Resulta que para Noche Buena mis padres, mis hermanas y yo íbamos a la casa de mis primos paternos. Para Año Nuevo la Gran Fiesta Gran era en la casa de mis padres, con baile callejero incluido.
Durante la tarde del 31, mi mamá nos obligaba a dormir la siesta para que aguantemos hasta entrada la madrugada sin molestar demasiado a los adultos, así ellos se podían pelear tranquilos y emborracharse sin mayores consecuencias.
Resulta que mis dos hermanas y yo nos acostábamos y nos hacíamos las dormidas esperando ansiosas que la tarde pase para que la noche llegue lo más rápido posible. No podíamos evitar espiarnos y reirnos, molestarnos y reinos, tirarnos cosas y reirnos. Todo mientras transcurría la apacible tarde pre festichola.
El recuerdo es de esos donde están involucrados todos los sentidos: puedo sentir el aire caliente que entraba por la persiana entrecerrada; ver la luz que se filtraba por las rendijas de esa persiana y se proyectaba en la pared; oler la comida que mi mamá estaba preparando para la noche en la cocina; escuchar el turbo viejo que nos tiraba un aire tímido; saborear el gusto de las uvas heladas que nos llevábamos como postre a la habitación y sentir la excitación propia de la niñez al esperar ansiosas las horas venideras.
Esas sensaciones ya no están, pero todavía sigue viva en mí esa nena fantasiosa.
Es un recuerdo hermoso y aún me sigue llenando de felicidad traerlo a mi memoria.

Feliz 2008 para los que tímidamente empezamos a formar esta linda relación blogger.
Paz, salud, amor y prosperidad es mi mayor deseo para todos ustedes.

viernes, 28 de diciembre de 2007

Esos lugares



Hacía un buen tiempo que se venían mirando de reojo y no tanto. Entre cafés y almuerzos descubrieron que compartían mucho más que el sentido del humor y el gusto por el buen vino. Que disfrutaban demasiado esas charlas cómplices de oficina, que los mail se ponían cada día más calientes y que las consultas laborales eran cada vez más obvias.
A la noche ella pensaba qué ropa ponerse al día siguiente para que él la mire más y él pensaba, mientras hablaba distraídamente con su mujer, en las ganas que tenía de estar con ella en ese momento.
Pero ese roce en el pasillo fue la gota que rebalsó el vaso. No se dijeron nada. Se miraron y sintieron que se les había vaciado el estómago.
Esa tarde ya era de noche en el suburbio bonaerense y salieron juntos, como de costumbre, y empezaron a recorrer las cuatro cuadras que debían caminar hasta la estación de micros.
El deseo inundaba el silencio y casi se podían escuchar sus corazones. Al pasar por un obrita en construcción, él la tomó de la mano y suavemente la empujó contra la pared. No tuvieron que decirse nada más para saber que todos los permisos estaban concedidos.
El la apretó fuerte; ella se dejó apretar. Hicieron el amor como locos. Se besaron hasta sacarse la respiración. Se tocaron hasta hacerse uno. Se comieron a besos.



Al tiempo, en una charla entre amigas, cuando le preguntaron cuál fue el lugar más excitante donde haya hacho el amor, ella pudo responder segura: contra el paredón a medio hacer de una obra en construcción.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Contradicciones


No me voy a volver a enamorar de vos.

No voy a dejar que me claves la mirada y me ahogues en esos ojos profundos. No vas a volver a rozarme, a tocarme, a acariciarme.
No voy a permitir que me comas a besos con esa boca golosa. No quiero que vuelvas a peinar mi cabello largo y mojado, ese que tanto te gusta mirar cuando cae, pesado, en mi espalda desnuda.
No pienso dejar que me vuelvas a llamar, a engañar, a enredar, a manipular, a hipnotizar, a poseer. Nunca más vas a desvestirme rápido mientras me hablás lento al oído. Ni pienses que volverás a explorar por mis paisajes desiertos ni mis valles húmedos.
Olvidate de respirar en mi cuello y matarme con cosquillas y ahogarme con tus besos y jugar cerca de mi ombligo.
Ni se te ocurra que vas a volver a estar en mis pensamientos, una y otra vez, taladrando mi corazón y mi alma. No te voy a permitir que me invadas a la noche como un espectro, deseando no desearte más.
No. No voy a volver a enamorarme de vos. Decididamente quiero no quererte.

Pero…

Maldita sea. Qué escasa es mi fuerza de voluntad…
Creo que me volví a enamorar.

lunes, 24 de diciembre de 2007

Felicidades! Jo, Jo, Jo!!!


Cortito y al pie, les deseo a todos mis visitantes del espacio una Muy Feliz Noche Buena!
Qué loco esto de estar deseándole cosas buenas a gente que conozco sólo por lo que ustedes me dejan espiar.
Espero que coman rico, beban mucho (y bien) y reciban muchos regalos.
Ojalá la pasen rodeados de seres queridos. No sean violentos, ni miserables con los abrazos y los besos.
Por los que están presentes y por lo que continúan vivos en nuestro corazón.

¡Salud!







domingo, 16 de diciembre de 2007

Pequeños Placeres -Parte 1-




Dentro del mix de emociones que conforman nuestra vida, hoy tengo ganas de rescatar a los pequeños placeres. Con lo de pequeño me refiero a la acción en si y no a la consecuencia que ese acto provoca, aclaro. Y no hablo de lo obvio, como tener dinero y salud, pasar una noche entera haciendo el amor, el nacimiento de los hijos, etc. Tengo ganas de hilar más fino.
Hay muchos pequeños placeres que alegran mi vida. Tal vez me conformo con poco, tal vez soy una persona pequeña. El hecho es que siempre estoy a la búsqueda de cosas que me saquen de la rutina y me hagan muy feliz aunque sea un ratito.
Estas son algunas de las cosas que me dan placer:
- Dejar derretir un buen chocolate en mi boca.
- La brisa fresca de la mañana que me da en la cara y me hace recordar las mañanas en la Costa.
- Sacarme el corpiño y los zapatos cuando llego a casa en una tarde de calor.
- El beso baboso de mi hija.
- Almorzar con mi hombre mirando el mar, el río, una pileta grande o cualquier espejo de agua en un día soleado.
- La combinación y contraste perfecto del verde de los árboles y el celeste del cielo. Eso me relaja muchísimo.
- El olor de las sábanas limpias.
- La previa al asado con seres queridos. Es decir, el momento donde se hacen las ensaladas, se prepara la picada, se prende el fuego y se abren los primeros vinos.
- El olor a café en un día frío.
- El color del atardecer, justo ese instante antes que anochezca.
- Adormecerme en la cama, desnuda y boca abajo, en una tarde tibia, después de haber hecho el amor.
- Quedarme en la playa mirando el mar, esos días plácidos, cuando la gente ya se fue.


En otra entrega, seguiré enumerando otros pequeños placeres de la vida cotidiana.

Y a vos, ¿qué pequeñas cosas te dan placer? ¿Te dejás llevar por las grandezas de los detalles? Si querés compartirlo conmigo, estás invitado.

jueves, 13 de diciembre de 2007

Superpoderes

Qué maravillosa que es la música. Al igual que el cine, cierta música tiene en mí ese poder increíble de transportarme y generarme sensaciones específicas.
Por ejemplo, hay días que tengo la necesidad FÍSICA de escuchar cierta canción o ver cierta película. Y todo lo que me genera (y a la vez me sacia) ese acto, no se reemplaza con ninguna otra cosa, por más placer que me cause esa otra cosa en otro momento. Porque para esa sensación que necesito calmar, en ese instante, sólo hay una canción o una película que la satisface.
Les quiero presentar una de “esas” canciones favoritas que, por suerte para mis sentidos, es parte de la banda de sonido de “Broken Flowers” una muy buena película con un excelente Bill Murray (actorazo de raza, de esos que generan luz en la pantalla) dirigida por Jim Jarmusch.
Este tema me eleva. Me transforma en una mujer vestida únicamente con una pequeña bombacha y musculosa blanca que se contornea muy lento, gozando con cada nota, al ritmo de la música, en un living tenuamente iluminado y tomando con todos los dedos de su mano derecha una copa de vino tinto por la boca de esa copa, donde el contenido borgoña se contornea al ritmo de esas caderas que tanto le gustan a su hombre.
Se llama “There is an end” y lo interpreta The Greenhornes.
Suban el volumen, escuchen y bailen conmigo.

martes, 11 de diciembre de 2007

Mirame un ratito... que después te miro yo.


Esto del blog siempre me pareció digno de analizar en terapia. Es una combinación de voyeurismo y exhibicionismo en una misma persona. Un Dr. Jekyll y Mr. Hyde.
Es decir, los que navegamos en la Red y entramos en diferentes blogs somos unos mirones de la vida ajena. Buceamos, leemos, opinamos, nos enojamos, nos erotizamos y nos reimos a partir de lo que otro ser anónimo nos muestra. Imaginamos y nos formamos imágenes de gente que no conocemos más que por lo que el otro se decide a mostrar.
Y ese otro que muestra (y a la vez te mira también) es un exhibicionista de su privacidad, de sus secretos, de su intimidad, ostentando un pseudo complejo de superioridad tal vez encubierto por bellas palabras que nos siguen alimentando esa voracidad de seguir explorando, mirando, espiando sin ser vistos y dejando que nos miren a través del anonimato que supimos conseguir.
Ummm, me gusta.

Bienvenidos!!!

Hace relativamente poco tiempo que estoy en la onda Blog. Primero empecé tímidamente leyendo posts y comments ajenos; luego saqué una cuenta en Google y comencé a opinar sobre algunos temas que me despertaban cierto interés. Ahora estoy inaugurando mi blog.
No sé sobre qué voy a escribir, ni sé el matiz que tendrán mis publicaciones. Por lo pronto, lo usaré para exorcizar cientos pensamientos y cuestiones que rondan por mis adentros.
De aquí puede salir cualquier cosa. Vamos a ver qué onda.
Por supuesto que todos están invitamos al mundo que estoy comenzando a abrirles.
Hasta pronto.