jueves 16 de julio de 2009

Mixturas


Tengo un compañero de trabajo que siempre se convierte, muy a su pesar, en el blanco de risas y cargadas.

Es un chico muy entretenido. Simpático, accesible, inteligente, inquisidor, tímido, honesto. Se me hizo amigo muy rápido y me gusta almorzar con él porque es sincero y me hace reír.

Es muy sensible, directo y no tiene novia. Eso me llama la atención porque no es feo ni tonto.

Mis otros compañeros, sin ausencia de malicia, opinan que aspira a tener novias demasiado lindas porque en realidad es gay. Pero claro, él aun no lo sabe.

Es sabido que todos nosotros tenemos una personalidad formada por una parte femenina y otra masculina. Esto, independientemente del sexo que nos atraiga.

Con parte femenina me refiero al lado sensible que todos tenemos y con masculina al costado recio y varonil.

En un test que hice alguna vez, salió que mi cerebro es 50% femenino y 50% masculino.

La verdad, era el resultado que esperaba.

La sensibilidad a flor de piel y la lágrima fácil no son características de mi personita y los pantalones me los tuve que poner (obligada o no) en varias oportunidades.

Además, tengo un gran sentido de la orientación, nunca me descontrolo ante las situaciones críticas, tengo un carácter muy fuerte y me cuesta muchísimo enamorarme.

Por otro lado, no soy muy adepta a las últimas tecnologías, tengo un sexto sentido muy desarrollado y soy muy perceptiva. Me encanta la moda y estar al tanto de las últimas tendencias y amo a los zapatos, las botas y las carteras de cuero.

Un amigo dijo que su parte femenina se evidenciaba con las películas románticas. Lloraba a moco tendido con films románticos que a mi no me arrancaban ni una lágrima.

Una vez, en charla de amigas, nos propusimos encontrar ese gen masculino que sobrevive (y gobierna) nuestras almas.

Decididamente, cuando me enojo, puteo como un troglodita. Hasta el carnicero más zarpado se pondría colorado con mis palabrotas.


Y ustedes… ¿se animan a encontrar ese gen contrario a su sexo que los define o que salta en los momentos más viscerales?

Vamos… sincérense con Wonder.



martes 7 de julio de 2009

Invierno


"Breve licor con una gota de mi eterna sangre, para vos,

para que me lleves siempre por dentro.

Cálida, fría, quemante, amante".



Las bebidas blancas me gustan con hielo.
Con mucho y fresco hielo.
Claro que la urgencia no me dejó ir hasta la heladera.
Qué mejor que salir a cazar, pensé entre nebulosas.
Riéndote, me ofreciste tu campera gruesa de cuero y piel, pero me pareció más divertido salir semidesnuda, apenas cubierta con una manta gruesa y botas altas.
Tomé un vaso ancho y abrí el ventanal. El aire helado me pegó en la cara somnolienta y una felicidad fugaz me hizo sonreír y respirar profundo.
Salí a la nieve como un niño sale a jugar al parque.
Torpe, me arrodillé e intenté llenar el vaso de nieve fresca y blanca, pero los copos ya no eran tales, pues se habían convertido en hielo.
El golpe rompió el vaso que se astilló en mis manos y me lastimó.
La sangre comenzó a llenar las líneas de mis palmas para luego caer, tímida, en la nieve y teñirla lentamente de un rojo furioso.
Me quedé hipnotizada degustando ese momento, excitada por esa nieve roja y ese aire frío que condensaba el calor de mi espíritu.
Porque mi corazón galopaba agitado y se podía ver el vapor que emanaba mi cuerpo blanco.
Entonces con mi garra lastimada tomé toda la nieve que entraba en ella y corrí hasta donde estabas, sediento, esperando, y coloqué ese hielo en el vaso y lo llené de whisky y esperé tus besos reparadores que llegaron sin demora.
Supuse que te iba a gustar esa escena.
Supuse que te ibas a excitar como yo.
Supuse bien, ¿no?


viernes 3 de julio de 2009

Re edición Versito (a pedido de Lau)


Encontrame en el tiempo.

Descubrime de a jirones

(pero explorame profundo).


Seducime y conquistame.

Sembrame que soy fértil.

Cultivame que soy promesa.

Explotame y sé egoísta.

Cosechame una vez más.


Porque hoy (solamente hoy), me dejo.



martes 30 de junio de 2009

Instantáneas


La joven de jeans ajustados y zapatillas se acomodó el cabello antes de levantarse. Luego miró que todo estuviera dentro del bolso, se ajustó los auriculares a los oídos y se paró rauda. Se dirigió hacia la puerta del vagón y se quedó unos segundos esperando que el tren frene y se abran los accesos.

El señor de traje prolijo y sobretodo miraba hacia fuera. Parado muy erguido al lado de una de las puertas, tenía los brazos cruzados y un rictus indefinido, mezcla de resignación y asco. Llevaba el aún abundante cabello canoso hacia atrás, bien peinado. Unos delgados bigotes grises bordeaban su labio superior.

La joven se detuvo a unos veinte centímetros de él, brindándole todo su perfil de niña.

El hombre que le triplicaba la edad le clavó la mirada en el rostro y se quedó mirándola, escudriñándola como si fuera a devorarla.

Sus ojos se entrecerraron, apenas. Se podía adivinar la lascivia.

Asimismo, continuaba con el extraño rictus, pero su mirar había cambiado.

Ya no existía el desinterés, no.

Parecía que el tiempo estaba detenido.

Un pintor bien podría haber retratado la escena.

Más aún, un escultor hubiese tenido tiempo de moldearla con sus manos.

La muchacha seguía ajena al hombre, con la mirada clavada en la ventana y los auriculares en sus oídos.

Luego el tren se detuvo, se abrieron las puertas y el mundo comenzó a girar.

La chica de jeans ajustados se bajó y el hombre de traje prolijo la siguió con la mirada hasta que la perdió en las escaleras y el tren arrancó.


A pleno sol, un gato agazapado no podía controlar su mandíbula temblorosa mientras miraba un gorrión que jugaba con unas migas de pan en el andén del frente.



viernes 26 de junio de 2009

Versito de los viernes (IX)


Tu poder resignificante es magnífico.
Sólo vos podías darle a un anillo un aspecto tan erótico.
Ahora te imagino besándolo y envolviéndolo con tu lengua sabia.
La misma lengua que hospedé.

Hoy no me sacia nada, no.
Sólo tu ancla imponente
.

domingo 21 de junio de 2009

Ya no


Ya no será

ya no

no viviremos juntos

no criaré a tu hijo

no coseré tu ropa

no te tendré de noche

no te besaré al irme

nunca sabrás quién fui

por qué me amaron otros.

No llegaré a saber

por qué ni cómo nunca

ni si era de verdad

lo que dijiste que era

ni quién fuiste

ni qué fui para ti

ni cómo hubiera sido

vivir juntos

querernos

esperarnos

estar.

Yo no soy más que yo

para siempre y tú

ya

no serás para mí

más que tú.

Ya no estás

en un día futuro.

No sabré dónde vives

con quién

ni si te acuerdas.

No me abrazarás nunca

como esa noche

nunca.

No volveré a tocarte.

No te veré morir.



Idea Vilariño, 1958

(de "Poesía Completa", Ed. Cal y Canto, Uruguay)



viernes 12 de junio de 2009

Otoño


Caminaba por la calle eligiendo las hojas más crujientes para pisar.
Prefería las amarillas medio amarronadas, enroscadas sobre ellas mismas. Como si supiera que esas iban a crujir más fuerte bajo mis zapatillas.
Claro que algunas me desilusionaban y la humedad que escondían las convertía en hojas silenciosas.
Supongo que creías que te estaba escuchando, porque no dejabas de hablar.
Lo hacías con ese tono tan odioso, medio de reto, medio de sermón.
Realmente, si tuviera que resumir en dos líneas lo que me dijiste no sabría hacerlo. Y eso que siempre fui buena resumiendo en el colegio.
El viento helado se ensañaba con mi cabello suelto y con las hojas caídas. Me despeinaba a mí. A ellas las amontonaba y las hacía bailar en las esquinas.
Hubiese preferido estar bailando en las esquinas, como esas hojas secas, antes que caminar automáticamente a tu lado.
Ya no te escucho. Pero a diferencia del estado anterior, tu voz comienza a molestarme. Casi de manera insoportable.
Necesito deshacerme de esa voz.
Veo un banco de plaza. Parece olvidado. O puesto de casualidad.
Pienso que el banco llegó allí por elección. Que decidió irse de donde estaba y se mudó de sitio. Me gusta pensar que el banco vino de lejos, que le costó tomar la decisión, pero que luego de varias luchas internas, eligió esa calle de Buenos Aires para vivir.
Si, se lo ve satisfecho, fuerte y seguro con su decisión.
Y tu voz… ¡Ay tu voz! Sigue sonando de fondo y no me deja escuchar las hojas que crujen bajo mis pies.
Decido separarme y dejarte ir con mi cáscara.
Allá va ella con vos. Qué linda pareja hacen. Hasta me animaría a decirte que ella sí te está escuchando.
Mientras, yo me siento en el banco amigable, en medio de la ciudad, en compañía del viento frío y las hojas que vinieron a bailar a mis pies.
Me anima respirar profundo en los días helados y que mis pulmones se llenen de ese aire.
Es lo más cercano a la pureza que puedo pretender un día como hoy.